Juliana G. Quintanilla
En días pasados platicando con mujeres feministas de Morelos hacíamos algunas reflexiones sobre el qué hacer y cómo actuar ante la impunidad. Coincidimos que hay muchos agravios que sólo la distancia entre los que mandan y el pueblo puede nublar, desaparecer, no importar, darles lo mismo. En México se ha perdido el sentido humano y de la vida, que ello es algo que reta, que entristece, pero que fortalece el espíritu para no desviarse de la exigencia de justicia, que si bien sigue lejos de las defensoras y activistas, es tan importante para conocer el rostro y el dolor, así como los números estadísticos, el resumen, el análisis global de lo que pasa.
Tal vez la movilización no sea inútil, ojalá que realmente se organice la ciudadanía para reconstruir el tejido social, para hacerse cargo de lo que a cada quien toca en esta devastada nación, empobrecida, doliente, a la que le hace falta la dignidad, tanto como el empleo y las oportunidades. Pero también le hace falta un verdadero valor, como el de los hombres y mujeres que son protagonistas de los cambios y empeñan en esos cambios sus propias vidas, no su puesto o su aspiración de poder temporal y estrictamente personal. A un año del feminicidio de Marisela Escobedo, diversas organizaciones sociales de todo el país organizamos un Tribunal de Conciencia en la ciudad de Chihuahua, lugar donde cayó ultimada la luchadora de los derechos humanos, en la acera de la puerta del Palacio de Gobierno.
El Tribunal de Conciencia es un instrumento de lucha construido en América Latina por los movimientos de mujeres. Es un tribunal ético, no de derecho. Sus objetivos son éticos, educativos, de denuncia pública. Pretende abrir un espacio de denuncia pública del feminicidio y de todas las formas de violencia en contra de las mujeres; mantener viva la memoria de Marisela Escobedo, de su hija Rubí Frayre, de las luchadoras de los derechos humanos y de todas las mujeres asesinadas. El tribunal busca alimentar el simbolismo y la mística de la lucha por la justicia y contra la impunidad. Como se trata de un tribunal de conciencia, no hay ningún citatorio a las autoridades, sus decisiones no son vinculatorias, son nada más, pero nada menos, recomendaciones de un alto contenido ético.
Diversas organizaciones, entre ellas la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos, presentamos las denuncias por toda la serie de irregularidades y violaciones a la ley, a los derechos humanos y a la ética desde que se dio la desaparición de Rubí, la hija de Marisela, hasta las amenazas a su familia luego de su asesinato. Frente al Consulado Mexicano en El Paso, Texas, se manifestaron los hijos de Marisela Escobedo, refugiados en aquella ciudad, aunque todavía no reconocidos oficialmente como tales, exigiendo se les otorgue el asilo político y se les conceda una entrevista con el Fiscal General de Chihuahua en el Consulado Mexicano, de esa ciudad, para que les informe del resultado de las investigaciones.
Crear conciencia de los riesgos es una forma de prevenir que no se repitan estos agravios. Ese es el desafío en este diciembre que aún está lejos de terminar.


