Las calles son de quienes las trabajan.

Marco Aurelio Palma Apodaca

Y las calles se inundaron de miles de pasos. Sin temor de exigir sus derechos, una veintena de sindicatos y organizaciones civiles y sociales demostraron el primero de mayo de 2010 en Cuernavaca que las calles son de quienes las trabajan. El 8 de mayo nuevamente se marchó, contra la inseguridad y la militarización. El próximo 15 de mayo el Movimiento Magisterial de Bases saldrá a las calles en defensa de la educación. El 17 de mayo la marcha será contra la discriminación y la homofobia. Las calles hablan. Y dicen más para la ciudadanía que para los gobernantes. El derecho democrático a la manifestación, libertad de expresión, derecho de petición, libertad de circular por las calles sin ser molestados por retenes militares y sin temor de morir por “balas perdidas”, se gana luchando contra el autoritarismo represivo del gobierno, condenado recientemente por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que señala el fracaso de las políticas represivas y demanda al gobierno mexicano una política de seguridad ciudadana con derechos humanos.

Ante la ofensiva del gobierno Calderonista en contra de la clase trabajadora, se demostró una amplia respuesta unitaria en defensa del Sindicato Mexicano de Electricistas y su heroica lucha de resistencia, así como la que sostienen los mineros de Cananea, Sombrerete y Taxco en huelgas ejemplares. Fue una expresión de la solidaridad de la clase obrera para enfrentar el desempleo, los bajos salarios, la miseria provocada por las políticas neoliberales y privatizadoras favorables al gran capital que lleva a cabo Calderón y su gobierno mediante la imposición y el establecimiento de medidas policíacas y autoritarias que pretenden ocultar con una “guerra” contra las drogas, que ya ha significado más de 23 mil asesinatos, muchos de estos cometidos por militares y la PFP.

Este primero de mayo fue la continuación de las luchas de resistencia nacional de donde destacamos la participación de las mujeres, compañeras y esposas con sus hijas, marchando con el SME, como aglutinador de la Asamblea Nacional de Resistencia, que también incluye la huelga de los mineros. Es de mencionar por la importancia que esta tiene la huelga de hambre masiva que llevan a cabo 83 trabajadores y 10 mujeres del SME que reclaman de inmediato nuestra solidaridad alrededor del campamento en el zócalo de la Ciudad de México. En Morelos se iniciaron desde el 5 de mayo ayunos solidarios por 24 y 36 horas.

El gobierno piensa que es el momento de dar el tiro de gracia al movimiento obrero imponiendo la Reforma Laboral y al mismo tiempo eleva el nivel de represión a los trabajadores, pero se equivoca. Las principales pancartas y mantas, los gritos lanzados por miles de gargantas fueron para denunciar que con la reforma laboral panista se pretende trastocar y nulificar derechos inalienables del proletariado mexicano, tales como: La estabilidad en el empleo, la contratación colectiva, el tiempo de servicios como fuente de derechos, la jornada de 8 horas, el derecho a la sindicalización y a la autonomía e independencia sindicales, el derecho de huelga y el derecho a un salario suficiente entre muchos, por lo que se expresó el rechazo total y absoluto a este proyecto.

La conciencia social de la clase trabajadora morelense también se manifestó al exigir el regreso del ejército a sus cuarteles como un elemento central del combate contra el terror que el gobierno está desatando contra la población, el respeto al articulo 129 de la constitución que señala con claridad que el ejercito no debe realizar labores de seguridad pública.

En esta manifestación se distribuyó el manifiesto del PRT que señaló con claridad que: “El gobierno revela su creciente incapacidad para salvaguardar la vida de la población en este país, hoy se conoce que en el lapso del tiempo transcurrido desde que Calderón sacó el ejército a las calles, el número de muertos ya rebasa la cantidad de 23 mil muertos. El marco de violencia y descomposición social y política que se vive en México no se explica exclusivamente por la crisis económica capitalista y en un sentido más amplio la crisis ecológica, también resultado del desarrollo capitalista. Toma esta forma por la componente política y su desarrollo especialmente a partir de la imposición fraudulenta del gobierno de Felipe Calderón.

Ante la ausencia de apoyo social, recurre por tanto a imponerse por la fuerza, por medio del apoyo militar y la fuerza pública. Es decir, a lo que más se parece a un estado policiaco. Y para ello desarrolla también una ofensiva en el terreno legislativo para convertir, como suele decir Rosario Ibarra, en legal lo ilegal. Reformar la Constitución y leyes secundarias para limitar y eliminar derechos democráticos y fortalecer los aspectos autoritarios y represivos, excluyentes. En esta batalla -eso sí- recurre al arsenal ideológico más rancio de la derecha como lo muestran en la ofensiva contra los derechos de las mujeres, el supuesto “derecho a la vida desde la concepción”, la criminalización y penalización del aborto, la exaltación de un supuesto modelo único de familia, la ofensiva contra derechos de homosexuales y lesbianas, la discriminación contra la diversidad sexual y los derechos de los pueblos indios, la ofensiva contra el Estado laico y el regreso de los fueros a la Iglesia Católica, la mercantilización, privatización y regreso de la Iglesia al terreno educativo, el individualismo, el consumismo y los valores productos del capitalismo imperialista, así como las reformas político-electorales, la reforma laboral, la reforma judicial, etc. De entre tantos atropellos, destacamos los casos de Sara López, Joaquín Aguilar y Guadalupe Borja, presos políticos en Campeche desde julio pasado por oponerse a los altos cobros de luz de CFE ¿Empresa de clase mundial? ¡Empresa por una clase mundial!: la burguesía.“

Hoy que la agresión contra el movimiento obrero toma la forma de una Reforma Laboral, teniendo la misma lógica de beneficio de los grandes intereses capitalistas. La lucha por detener la ofensiva y hacerla retroceder, debe ser un aspecto central del movimiento sindical y social, buscando la más amplia unidad de acción, teniendo como punto unitario del conjunto del movimiento de la clase obrera el hacer frente a la Reforma Laboral, derrotar los intentos de su implantación.

Y vemos como desde las calles y plazas se levantan las voces del pueblo para hacer valer los derechos humanos. Las calles son de quienes las trabajan.

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