Hoy fue Juan Francisco, pero todos los días hay violencia’

Escrito por Miguel Sánchez, el 29-03-2011/ Diario de Morelos

Eran las 6 cuando las campanas del viejo reloj del zócalo de Cuernavaca replicaron marcando la hora… tocando una especie de réquiem por 7 jóvenes morelenses acribillados.
En la plancha, frente a la entrada del viejo edificio del Palacio de Gobierno del Estado de Morelos, poco a poco, primero 6, luego 7, 8 y muchas personas más, se fueron congregando.
Hijo del poeta y escritor Javier Sicilia, Juan Francisco Sicilia Ortega, un joven originario del DF pero con arraigo y vida en Morelos, es hoy, junto con 6 personas más, parte de las cifras de la violencia en este país; en este estado, en esta sociedad que grita “Basta”, que exige a sus autoridades un hasta aquí a la violencia cotidiana que enluta los hogares.
“Hoy fue Juan Francisco”, dice José Martínez Cruz, de la Comisión Independiente de Derechos Humanos, “pero todos los días la violencia golpea a obreros, albañiles, amas de casa, a toda lasociedad… Hoy le tocó el turno a uno de nosotros, del mundo cultural”.
Las velas se van encendiendo una a una. Las flores llegan también. Forman una cruz, una ofrenda de flores blancas y notas de condolenci escritas a mano, por la tragedia y el crimen de estos jóvenes.
Óscar Menéndez, cineasta y luchador social del 68, dice que “no se la va a acabar este gobierno, vamos a mandar cartas de protesta a todo el mundo para que sepan lo que está pasando en Morelos, amigos a nivel internacional para que manden cartas de protesta a Felipe Calderón, ya basta de tanta muerte e impunidad y corrupción, ya estamos hartos de tener miedo”.
Juan era mi amigo, señala Francisco Valentino, joven músico quien con voz suave, dolido, tembloroso por el miedo, platica que el hijo del poeta Javier Sicilia era como todo joven lleno de viday alegría.
“Mañana vamos a tratar de que los jóvenes asesinados sean velados en la noche aquí, en esta puerta, frente a este palacio que representa el abismo del crimen y la corrupción”, señala Óscar Menéndez.
Las velas encendidas en recuerdo a los jóvenes muertos iluminan la tenue obscuridad que cubre el portón de entrada al Palacio de Piedra. Algunos policías incluso se atreven a asomarse a esta concentración de dolientes, de personas en luto, de gente en ebullición interior, indignada, dolida, llorosa, solidaria con las familias también abatidas moralmente por las balas que cegaron la vida de sus hijos.

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