Justicia democrática, vida y libertad de las mujeres.

José Martínez Cruz
La crisis que está instalada en el centro de la sociedad nos convoca a realizar los mejores esfuerzos para transformar la realidad. Crear una cultura de respeto a los derechos humanos implica mantener una voluntad crítica, aunque no les guste a quienes lucran con el poder. Mientras prevalezca la discriminación contra las mujeres la desigualdad será una política dominante perversa y violenta. Cuando se habla de igualdad se trata de una igualdad de derechos, de acceso a los recursos, a los bienes materiales, de acceso a las esferas de toma de decisiones. La paridad en los cargos de representación popular y en los puestos de poder no sólo es porque las mujeres son la mitad de la población, sino porque es necesaria su participación en una democracia. Desde el feminismo y los derechos humanos, es claro que la lucha por el pleno respeto a los derechos a la igualdad entre hombres y mujeres se ubica históricamente como la eliminación de las bases estructurales de explotación y opresión, de exclusión y discriminación. No se trata solo de que se extrapolen ejemplos de que alguna mujer ocupe un cargo y por ello ya se logró la igualdad. Tenemos a la mano dos ejemplos que han sido utilizados por el poder para vender esta idea y condenar a quienes criticamos el tipo de política que se aplica desde esas esferas de poder. Un caso es el de Marisela Morales que se convirtió en la primera mujer en ocupar la Procuraduría General de la República, presentada por el gobierno autoritario de Calderón como valiente por el manejo de los procesos contra capos de la droga pero también cuestionada por el uso con fines políticos de esas investigaciones. En marzo, el gobierno estadounidense, con sus intereses imperialistas por delante, la premió por su labor en la persecución del narcotráfico. Como jefa de la Subprocuraduría de Investigaciones Especializadas en Delincuencia Organizada de la PGR, Morales tuvo a su cargo los procesos contra una veintena de capos detenidos en el marco de la ofensiva contra los carteles con participación militar en diciembre de 2006. En el marco de esa ofensiva han muerto 34, 200 personas, según el último balance oficial divulgado en diciembre. Otras 3 mil han sido asesinadas este año, según balances coincidentes de prensa, cerca de 40,000, de acuerdo a las movilizaciones de protesta realizadas el pasado 6 de abril. Pero el nombramiento de Marisela Morales está marcada por promover la utilización de los procesos judiciales con fines políticos. Como fiscal antidrogas, Morales también llevó a la cárcel en 2009 a 35 políticos opositores a los que señaló de vínculos con el narcotráfico y que a la postre fueron exonerados, en un proceso conocido como el “Michoacanazo”. La nueva fiscal  estará al frente de la PGR cuando hay nula confianza porque menos de un 5% de los homicidios ocurridos en el país se condena al culpable. Como vemos, una primera mujer al frente de la PGR, es utilizada por el gobierno para dar un toque de “política de género” y lavar su cara de la grave complicidad con la delincuencia, la impunidad, la injusticia.
Localmente, el caso de la oficial Comisión de Derechos Humanos es algo similar, ya que esta institución no ha hecho un esfuerzo real contra el feminicidio y en defensa de los derechos de las mujeres, a pesar de tener una mujer, Lucero Benitez,  al frente de su dependencia. Lavarle la cara al Poder judicial  y al Instituto castrense, con el despliegue militar en la inauguración de su primer informe, habla claro de que su compromiso es con quienes tienen el poder y no con la ciudadanía que hoy está en las calles y plazas protestando por tanta muerte diaria.
El feminicidio no es atendido adecuadamente ni por la PGR ni por la PGJ y menos por la CDH, sin hablar de instituciones ex profeso como el Instituto para las Mujeres. Destaca por ello el hecho de que haya voces planteando la necesidad de tipificar penalmente el feminicidio.
Hoy vemos en todo el país como las mujeres son víctimas de agresiones crecientes y valoramos altamente el compromiso de muchas mujeres que, desde sus trincheras, cotidianamente luchan por conseguir que haya una verdadera justicia democrática, por el pleno respeto a la vida y la libertad de las mujeres, cuestionando el poder autoritario, el machismo patriarcal y la violencia misógina. Rostros y voces de mujeres que están también en las plazas públicas, en las organizaciones, en la conciencia crítica de una sociedad que, para salir de la crisis requiere más que nunca tener una mirada con ojos de mujer.

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