Mujeres en 2011 pierden derechos.

Alejandra Domingo Portillo y Juliana G. Quintanilla.

Los derechos no se conquistan de una vez y para siempre. Son producto de la lucha cotidiana y de la correlación de fuerzas entre las clases sociales. Una vez que el capitalismo, por ejemplo, lanza una ofensiva para recuperar su tasa de ganancia, los que sufren son los salarios. Así, una vez que las mujeres logran que se establezcan derechos a la libertad de decidir, las fuerzas reaccionarias utilizan todo su poder para imponer nuevamente criterios ideológicos para negar estos derechos o limitarlos de tal manera que no se puedan ejercer. Cuando las mujeres ganan su derecho al trabajo, los empresarios utilizan la ideología machista para poner en su contra a quienes se sienten desplazados por ellas, agudizando los niveles de violencia y agresión, que llega al extremo del feminicidio. De ahí que nos llame la atención el Informe que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publica sobre “El trabajo, la educación y los recursos de las mujeres: la ruta hacia la igualdad en la garantía de los derechos económicos, sociales y culturales.”

En un amplio documento publicado en www.cidh.ors.org la CIDH ha observado en el pasado que en materia de derechos económicos, sociales y culturales, la discriminación contra las mujeres se sigue reflejando en el mercado de trabajo, su acceso limitado a la seguridad social, las altas tasas de analfabetismo de mujeres y niñas en comparación con los hombres, la grave situación de pobreza y exclusión social que las afecta, y las reducidas oportunidades de participación existentes para mujeres indígenas y afrodescendientes, entre otros temas.

El informe parte de la premisa de que la discriminación contra las mujeres en la región aún se encuentra engranada en desigualdades e inequidades estructurales entre hombres y mujeres. Estos problemas imperan de forma persistente en todos los sectores sociales, incluyendo los ámbitos de la economía, la educación, el trabajo, la salud, la justicia, y la toma de decisiones. En muchas partes de la región, las mujeres tienen menores posibilidades que los hombres de satisfacer necesidades básicas, tales como la alimentación, el acceso a vivienda, y a servicios de salud especializados, siguen particularmente expuestas a formas de violencia física y sexual, y tienen opciones limitadas de obtener un trabajo decente y de incidir en la agenda pública de sus países. La pobreza afecta de forma particular a las mujeres, en todas sus manifestaciones, y  su acceso desigual e inequitativo a los recursos económicos continúa siendo un obstáculo para la promoción y protección de todos sus derechos humanos.

Tres ámbitos en particular en donde se manifiestan formas de discriminación contra las mujeres en el ejercicio de sus derechos económicos, sociales y culturales; el trabajo, la educación y esferas relacionadas a su acceso y control de recursos económicos. La garantía de estos derechos tiene un efecto multiplicador en el ejercicio de todos los derechos de las mujeres. Una primera aproximación al problema de la discriminación, desde el punto de vista de estos tres ámbitos, puede abrir la puerta para un análisis más integral y abarcador por parte del sistema interamericano, de los factores que aún obstaculizan el ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres.

A pesar de los avances registrados en los países en cuanto al acceso a la educación de la población en general, las cifras invisibilizan la realidad de algunos sectores de niñas y mujeres que se encuentran en situación de particular riesgo a violaciones de sus derechos humanos, como las niñas y mujeres en situación de pobreza, las que habitan en zonas rurales, las indígenas y las afrodescendientes.

El Estado mexicano ha señalado que las condiciones de aislamiento y marginación de amplios sectores, especialmente críticas en las localidades más pequeñas, han dificultado que los programas de educación lleguen a una mayor proporción de población. En las localidades menores a 2500 habitantes las tasas de analfabetismo son extremadamente elevadas y las brechas por sexo son más amplias comparadas con el contexto nacional. Las niñas y mujeres en situación de pobreza, que habitan en zonas rurales, las indígenas y las afrodescendientes enfrentan barreras particulares en cuanto a la accesibilidad y permanencia en la escuela. En Morelos esta situación afecta sobre todo a comunidades indígenas como Cuentepec, Xoxocotla, Tetelcingo y Hueyapan.

Si bien es cierto, las recomendaciones contenidas en el informe se relacionan con el diseño de intervenciones y medidas estatales destinadas a garantizar el ejercicio de las mujeres de su derecho al trabajo, a la educación y a su acceso y control de recursos económicos en condiciones de igualdad y libre de toda forma de discriminación, existe una realidad que nos muestra que durante 2011 las mujeres en América Latina estamos ante una ofensiva que debe ser frenada para que se respeten derechos que están establecidos en estos instrumentos internacionales.

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