Mujeres, cuotas y elecciones


 Juliana G. Quintanilla

Todos los partidos políticos registrados incumplieron con la cuota de género, establecida legalmente, aunque se quede por debajo de los derechos de las mujeres a ser reconocidas plenamente de acuerdo a su presencia real en la sociedad. Como bien lo apunta Josefina Chávez en la revista Cuadernos Feministas,  el debate que seguramente tendrá implicaciones mayores, por lo pronto aparentemente, fue saldado con los “ajustes” de última hora. Pero queda en el tintero una polémica, en torno a las formas de elección de las candidaturas en los propios partidos que garanticen las condiciones para el pleno ejercicio de los derechos políticos de las mexicanas.

El incumplimiento se adujo que se debía a que no hubiera mujeres interesadas en participar, por el contrario, se contaba con candidatas suficientes para cubrir el 40% de representación. Más bien, en algunos casos no se les permitió registrarse o hubo resistencias de algunos dirigentes. Se escuchó la indignación, la decepción por el comportamiento de las direcciones de los partidos, por las componendas, por la falta de respeto a las mismas reglas para la elección de las candidaturas.

Varias de las candidatas habían ganado las encuestas, pero no quedaron y denunciaron los “intercambios” de candidatas con perfiles altos, con experiencia, por, en algunos casos, propuestas de candidatos hombres con orígenes que no representan de ninguna manera, mas bien por el contrario, las trayectorias políticas y de lucha de muchas de las mujeres que han sido tratadas con la punta del pie.

Había más de mil mujeres para contender en todos los cargos. Con estos argumentos se refutó, a quienes como una gran mentira han dicho que no hay mujeres. Aunque la discriminación a las mujeres en las candidaturas se evidenció prácticamente en todos los partidos que, convencidos o no, tenían que cumplir la ley. Las mujeres se unieron en una alianza para unificar estrategias y enfrentar la embestida sin embargo como se ha podido observar, no fue suficiente, para revertir la descalificación y el “mercadeo”.

Curiosamente, en una coyuntura político electoral en donde se juega en muchos sentidos el futuro del país, ahora tenemos que añadir a la lista, una ofensiva más en contra de las mujeres, en este caso, encabezada por quienes se supondría, serían sus aliados; sus compañeros de partidos y corrientes. El daño está hecho. Seguramente se tratará de “reparar” con la corrección de las listas, solo que, nos queda claro, parece que no por voluntad y convicción política, más bien porque el IFE amenaza con aplicar las sanciones. Las mujeres respondieron lanzando una campaña por los derechos políticos de las mujeres, exigir el cumplimiento de lo que marca el COFIPE, no debe haber más de 120, o menos de 120 fórmulas de hombres, ni más de 180 fórmulas de hombres en los 300 distritos. No debe de haber menos de 120 fórmulas de mujeres, ni más de 180 fórmulas de mujeres.

Las candidaturas de mujeres no deben ser de “relleno”, reivindicando al mismo tiempo que también están interesadas y comprometidas con la realización de trabajo en los distritos no competitivos para construir fuerza política en la contienda electoral.

Los graves problemas que enfrentan las mexicanas, como la pobreza, violencia y trata, han quedado subsumidos e invisibilizados por la prioridad del estado en relación al combate a la delincuencia organizada. La lucha no es personal, se trata de los derechos de todas las mexicanas. Las mujeres de izquierda precursoras en cargos de elección popular en puestos directivos en los gobiernos, en las acciones afirmativas, saben que los derechos políticos están contemplados en el marco internacional y México los ha firmado, los derechos no se pueden poner a discusión en cada proceso electoral, se deben acatar. No estamos pidiendo que se nos regale algo, se está hablando del trabajo de muchas mujeres.

La lucha por los derechos políticos de las mujeres ha transitado por varios siglos, del voto a la paridad. Un proceso plagado de exclusiones, obstáculos e invisibilidad. El Congreso Constituyente de 1917 al no incorporar el derecho al voto para las mujeres contribuyó para que éstas se organizaran en la lucha por el sufragio, algunas, en rebeldía, incluso lanzaron candidaturas independientes. Las cuotas son un mecanismo de acción afirmativa para potenciar las capacidades de las mujeres, se requiere la ampliación de acciones afirmativas para erradicar todas las trabas culturales. Se requiere la voluntad política de las direcciones de los partidos. Y eso, ya se vio, está faltando.

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