Cien días sin derechos de las mujeres.

Juliana G. Quintanilla y Paloma Estrada Muñoz

A cien días de gobierno en Morelos no hay políticas públicas que garanticen pleno acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. El feminicidio continúa presente y las mujeres padecen agresiones físicas, sexuales y de violencia de todo tipo, sin que se tenga la protección debida y sobre todo se combatan las causas que llevan a deteriorar sus condiciones de vida, su dignidad como personas, su derecho a decidir. Denunciar esta violencia implica asumir también el acompañamiento de las víctimas para fortalecer su autonomía y no re-victimizarlas, desarrollar campañas que vayan a las causas de fondo para prevenir, educar, crear conciencia. Una atención integral requiere de la participación ciudadana y movilización social, de tal manera que la aplicación de la ley y el castigo a los perpetradores sea un paso para terminar con la impunidad, a la vez que se desmonte el aparato ideológico que justifica la violencia como un estado permanente de la desigualdad estructural.  Tener claro que lo ocurrido en Morelos forma parte de la crisis que lacera los derechos de las mujeres en el mundo capitalista actual, nos lleva a plantearnos la necesidad de reflexionar y actuar local y globalmente en defensa de nuestros derechos.

Una violación tumultuaria contra una joven en la India provocó un levantamiento de protesta social en Nueva Delhi, exigiendo alto a la impunidad y castigo a los violadores. Los agresores fueron detenidos y enjuiciados esperan sentencia. La joven víctima murió a consecuencia de las graves lesiones sufridas. Días después, otro hecho similar en el mismo país, vuelve a conmocionar mundialmente, porque muestra que se mantienen las condiciones que permiten que una y otra vez los cuerpos de las mujeres sean sometidos a violencia  por hombres que los ven como objetos que se pueden usar sexualmente y desechar hasta el grado del homicidio. Este caso no es aislado en el mundo. En Brasil las organizaciones feministas y campesinas denunciaron que “el domingo 06 de enero de 2013 recibimos la triste y repugnante noticia de que nuestra compañera María Do Fetal de Almeida fue brutalmente asesinada por su novio en la ciudad de São Paulo, Brasil. María, de nacionalidad portuguesa y residente en Brasil hace más de diez años (hizo doctorado en Geografía por la Universidad de São Paulo – USP) estuvo apoyando desde que había llegado a Brasil al Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), a la Vía Campesina Brasil e Internacional. María hizo parte, entre tantas otras actividades, del equipo de intérpretes de la 5° Conferencia Internacional de la Vía Campesina en Mozambique (2008) y recientemente nos había apoyado con la traducción de nuestra cartilla sobre la Campaña Basta de Violencia Contra las Mujeres y como interprete en muchas de las actividades de nuestra organización.” Son casos a nivel mundial. En Morelos, ocurrió una agresión sexual en contra de una joven estudiante de medicina, prestante de servicio social en la clínica de la comunidad de Coatetelco. En protesta, salieron a las calles estudiantes, profesores y profesoras de medicina de la UAEM, para exigir medidas de seguridad para quienes brindan estos servicios en las clínicas rurales.  En Ocuituco varios sujetos pretendían atacar sexualmente a una menor de edad cuando fueron detenidos por la población que se ha organizado en comités de vigilancia. Se evitó la violación y los sujetos fueron consignados. La sociedad, cuando toma conciencia, se organiza y defiende los derechos de las mujeres. Pero, es necesario que haya acciones en todos los ámbitos: jurídico, legal, social, económico, político, educativo;  para que no se repitan incesantemente estos ataques sexuales que forman parte de una violencia feminicida.  Por eso es muy importante que a las mujeres que son víctimas de agresiones no se les victimice por autoridades o medios de comunicación, exhibiéndolas ni estigmatizándolas. La violencia de género no tiene sólo que ver con los sexos, sino con los roles sociales y el papel dominante que se adjudican quienes se benefician de una estructura patriarcal y autoritaria. Cuestionar estos roles permite precisamente que hombres y mujeres actuemos conjuntamente contra todo tipo de violencia sexista que puede terminar dañando todo el tejido social. Las autoridades no pueden eludir su responsabilidad de aplicar políticas públicas, los recursos y las instituciones, si no se utilizan para garantizar los derechos de las mujeres, contribuyen a incrementar la violencia institucional de la que ya está harta la sociedad.

Por eso, lo importante en esta vida es que sea digna para todas y todos, parafraseando a Simone de Beauvoir: “no se nace mujer, se llega a serlo”. Hoy, más que nunca, nuestra lucha por una sociedad más justa, igualitaria e internacionalista, es indispensable en todos los rincones de nuestro mundo por los derechos plenos de las mujeres a una vida libre de violencia.

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