Lucha Magisterial y derechos humanos.

Marco Aurelio Palma Apodaca y José Martínez Cruz

 Hace 40 años entro el ejército mexicano a destruir el proyecto de la Comuna en la Colonia Proletaria Rubén Jaramillo, en Temixco, Morelos. Hoy la policía federal entró al zócalo de la Ciudad de México para reprimir la protesta magisterial integrada en su mayoría por una gran cantidad de mujeres profesoras que defienden la educación pública. ¿Por que quieren otro 2 de octubre los represores de siempre? ¿45 años son insuficientes para que la justicia se siente entre nosotros? ¿Puede más el poder que usa la fuerza bruta que la dignidad envuelta en la lucha magisterial? ¡Que la inteligencia y la conciencia organizada en el epicentro del país no muera! El 68 no es un “fantasma”, ni se trata de “política ficción”, cuando el Estado neoliberal abdica de asumir política social y solo aplica la violencia institucional, en una lógica de Estado autoritario y antidemocrático. La llamada Reforma educativa es, en realidad, una contra-reforma laboral cuya finalidad es someter al último sector organizado de trabajadores con un fuerte potencial de oposición: el magisterio nacional. A los gobiernos neoliberales no les importa la educación ni mejorar las condiciones de trabajo de las y los educadores: sólo les importa controlar y dominar a la clase trabajadora para explotarla y evitar que se rebele. Es claro, que en sus leyes secundarias, sobre todo en la Ley General del Servicio Profesional Docente, se conculcan derechos laborales básicos: se elimina la definitividad del nombramiento (la estabilidad laboral), la participación sindical en la defensa del trabajo y se plantea el despido justificado a partir de la evaluación. Ahora el gobierno pretende terminar con los derechos sindicales y laborales. Resulta evidente que el control sindical charro es muy oneroso y genera poderes paralelos al gobierno. Por eso, la estrategia gubernamental se ha modificado: ahora se pretende someter al magisterio nacional con la anulación del poder sindical, la inseguridad laboral y la amenaza permanente de despido justificado.  Es por eso que la justa lucha por la abrogación de las reformas constitucionales y sus leyes secundarias debe ir acompañada de la reconstrucción de un poder sindical en cada escuela, con la explicación paciente a las y los estudiantes, a las madres, los padres de familia y a la sociedad para también convencer a la opinión pública de la justicia de sus reclamos. La lucha del magisterio será, sin duda, una batalla difícil pero es necesario darla. El golpe contra las maestras y los maestros ha sido devastador: han quedado en la indefensión laboral completa, prácticamente sin reconocimiento del poder sindical, expuestos a despidos arbitrarios. Sin organización sindical democrática, sin el derecho a la estabilidad laboral, ¿qué puede seguir? Los despidos masivos. Por eso es urgente hacer un frente amplio con todas las fuerzas sindicales dispuestas a luchar por tirar la mal llamada “reforma educativa”. El gobierno se comprometió a realizar foros de consulta y aunque estos foros se llevaron a cabo, sus propuestas nunca se tomaron en cuenta.  Este gobierno no está dispuesto a escuchar a las y los trabajadores ni a resolver sus demandas. Sólo la participación masiva de miles de trabajadores y trabajadoras de la educación a lo largo y a lo ancho de la república lo puede obligar a modificar su decisión. Por eso, la lucha del magisterio tiene que ser unitaria, nacional, constante, contundente. Nadie debe olvidar que esta contra-reforma fue aprobada por el PRI, el PAN y el PRD, resguardados por un cerco policíaco militar. Esos partidos son contrarios a los intereses de las maestras y los trabajadores. Es verdad que al eliminar los derechos laborales básicos de los docentes se ha generado una enorme ola de indignación a nivel nacional entre maestras y maestros. Esta justa rabia alimenta una insurrección magisterial que recorre al país en donde, cabe decirlo, no sólo participa la CNTE sino todas las fuerzas sindicales que demandan, hoy, la abrogación de las reformas constitucionales y sus leyes secundarias. Estas movilizaciones son una forma de protesta. Y de informar. Hay muchas otras. Pacificas. Como las marchas. La protesta social tiene múltiples expresiones. Lo fundamental es que cuando uno propone algo, hay que comprometerse directamente en la práctica. Congruencia entre lo que se piensa y se hace. ¿Acaso ganaron las fuerzas represivas y los pregoneros del poder por el desalojo brutal de mujeres y hombres del campamento magisterial en el zócalo? ¿Acaso celebraran con champaña desde Los Pinos por los heridos y detenidos? Los que usan la fuerza represiva, un 13 de septiembre, emulan el 11 de septiembre chileno, pero no podrán impedir que se abran las grandes alamedas! La maestra luchando también está enseñando! Es un proceso de toma de conciencia y de organización. Con el desalojo del zócalo han golpeado e insultado, pero esta doble necesidad de vivir con dignidad, ¿quien nos la podrá arrancar?” (maestra oaxaqueña durante el desalojo del zócalo). Oponernos a la lógica represiva y autoritaria es defender los derechos humanos, y documentar la realidad es parte de ello.

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