Más policía y menos seguridad en Morelos.

José Martínez Cruz y Marco Aurelio Palma Apodaca.

 El número de policías crece exponencialmente casi a la par de la inseguridad y la violencia. El uso desmedido de la fuerza es propio de gobiernos autoritarios y antidemocráticos que ven cuestionada su legitimidad ante los pueblos. Lejos de garantizar derechos, el uso sistemático de las fuerzas represivas los va eliminando progresivamente. Un orden social impuesto mediante el uso exclusivo de la fuerza deviene en un régimen contrario a un estado de derechos humanos para la población. Más policía y menos poesía, es el lema de los que usan y abusan del poder, que nos envían el mensaje cotidiano de que solo se impone la ley del más fuerte, del que posee los medios de producción, del que aumenta estratosféricamente sus ganancias mientras se anuncian nuevos efectos apocalípticos por una crisis capitalista que sólo termina afectando a la mayoría de la población. Aumentan las muertes violentas de jóvenes y crece el feminicidio. El caso de una familia completa en los campos de Cuautitla, la madre, su hijo y nieto, asesinados al igual que cuatro trabajadores de la masa en un lote de autos en Jiutepec o un joven chef en la plazuela del zacate, centenares de muertes violentas en Morelos en 2013, en donde el feminicidio no parece tener fin, sin que el gobierno estatal ponga en marcha las 10 medidas emergentes para combatir y erradicar la violencia feminicida a la vez que descalifica la alerta de violencia de género. En Morelos el uso de la fuerza policíaca va en aumento en número, capacidad de fuego, modernización de armas y equipo, patrullas y tecnología, cuarteles y mando centralizado tipo militar, no así en el cuidado de los protocolos para responder que todo ello será utilizado para garantizar la paz y la tranquilidad de la ciudadanía. En el país el uso de esta fuerza represiva tiene una escalada que ni en los peores momentos se había tenido. Un caso nos permite ilustrar lo anterior: una moderna patrulla de la policía acreditable embistió a un taxi donde se desplazaba toda una familia en Alpuyeca. Murió una maestra de educación especial y sus menores hijas están hospitalizadas. El argumento oficial es que iban a exceso de velocidad porque se dirigían a  un operativo. Las protestas de la población incluyeron no solo el bloqueo de la carretera sino ante el moderno cuartel de la policía, recién inaugurado, y ya con muchas quejas en contra de la ubicación de ese cuartel. Otro ejemplo: el pueblo de Tilzapotla se levanta y detiene a policías federales extorsionadores, a quienes desarma y entrega al MP custodiados por el Ejército. Bastan unas horas para que sean liberados argumentando que no hay denuncias contra ellos. Otro caso ilustrativo: detienen a una banda de secuestradores en Jiutepec, el jefe de ellos, un policía acreditable. Ahí mismo, en El Texcal. Incendian 120 casas en la reserva ecológica y la policía reprime a manifestantes, deteniendo a 33 entre quienes están mujeres, menores de edad y dos trabajadores que laboran en Nissan y un lavado de autos que pasaban por ahí. Por si fuera poco, la policía agrede a periodistas y foto reporteros que documentaban estos acontecimientos. Y así podríamos seguir mencionando casos de detenciones arbitrarias de luchadores sociales que protestan por un acueducto o jóvenes estudiantes que no eran los causantes de destrozos el 2 de octubre. Esto significa que cuando se generaliza el uso de la fuerza, sin apegarse a protocolo de respeto de derechos humanos, se cae en abusos y pone en riesgo a cualquier persona que se encuentre en un lugar donde ocurre un hecho en el que no necesariamente está inmiscuido. El clima de temor se generaliza, no ante la violencia delincuencial, sino ante la presencia de quien usa las armas para imponer su autoridad por encima de cualquier derecho. Las medidas de fuerza se imponen ante la ausencia de políticas integrales de respeto a los derechos humanos, porque hay simulación, complicidad, intolerancia y una impunidad a todas luces. Es tiempo de cuestionar y no callar, de continuar luchando por construir una sociedad diferente. Finalmente, agradeciendo a quienes han apoyado esta labor de 24 años de la CIDHM, estamos convocando a personas que conocen nuestras actividades en defensa de los derechos humanos para que nos acompañen y participen en nuestra campaña económica. La cita es a las 7 de la noche el 30 de octubre en La casa de gestión del movimiento ciudadano ubicada en la calle  de la colonia Acapantzingo de Cuernavaca, Morelos. El objetivo es contribuir con la compra de obra de arte y así recabar fondos para mantener esta actividad de manera autónoma  como lo hemos venido realizando. Seguiremos en este camino con su participación consciente y voluntaria así como de quienes han colaborado en mil formas en esta labor de promoción de una cultura de respeto a los derechos humanos.

cidhmorelos@gmail.com

 
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