Balance de fin de año 2013: defensoras y feminicidio.

Hacer un balance del año necesariamente nos lleva a señalar que vivimos en peligro constante y no resulta fácil. Cada año de los últimos lo ha sido. Y cada vez peor y cada vez más difícil. Sobre todo cuando es la vida de las personas la que está en riesgo latente. Más allá de cualquier apreciación subjetiva, vale la pena indicar cuáles han sido las tendencias y grados de complejidad en que nos hemos visto envueltos como sociedad. Por ejemplo, las tendencias autoritarias y represivas no han impedido que la impunidad siente sus reales por todos los ámbitos de la sociedad. Como respuesta política ha sido un rotundo fracaso. 
 
Es el caso del feminicidio que en 2013 se mantiene en los más altos niveles de los últimos años y no se detiene. Es obvio que no puede ser un caso aislado, cuando precisamente se establecen causas comunes que indican similitudes que permitieron en su momento tipificarlo penalmente. Hoy no es suficiente. Mucho menos si el gobierno mantiene la cerrazón y la política de oídos sordos. 52 feminicidios de enero a octubre son demasiados, cuando ni uno solo debería ocurrir, si se aplica la Alerta de Violencia de Género. Las palabras no alcanzan a dar una noción de todo el dolor que ello representa. O tal vez sí, pero mediante una cantidad cada vez mayor de sinónimos del dolor. La muerte en su extrema violencia se ha repetido pero expresándose en múltiples formas, lo que va indicando el grado de crisis a que se conduce a una sociedad que se le van inyectando drogas para adormecer, tanto sentimientos como posibles respuestas solidarias. 
 
Y es aquí donde retomamos el papel y la lucha de las defensoras de derechos humanos. Toda la sociedad debe involucrarse en el reconocimiento del aporte de las defensoras de derechos humanos para la superación de la injusticia, la desigualdad y la discriminación de nuestros pueblos. Los Estados deben asegurar acciones que combatan el desprestigio y descrédito de la labor de las defensoras, iniciando con sancionar de forma clara a las propias autoridades que promuevan la hostilidad y la estigmatización de las defensoras. Las organizaciones sociales y civiles deben poner de relieve el aporte y trabajo de las defensoras. Los mecanismos de protección deben mantener un diálogo en condiciones adecuadas con las defensoras y periodistas en riesgo para definir, junto con ellas, medidas integrales de protección que favorezcan su empoderamiento y no inhiban su trabajo en favor de los derechos humanos, así como asegurarse de que la investigación y sanción a los responsables de los ataques contra defensoras sea una prioridad. Las organizaciones y movimientos sociales debemos hacer una revisión crítica de nuestros modelos de activismo y prácticas políticas internas para evitar que estas reproduzcan discriminación, riesgo, violencia, opresión o daño a la salud de las defensoras. Por otro lado, es necesario revisar de manera colectiva el impacto de adoptar proyectos y estrategias de protección en el trabajo de defensa y promoción de los derechos humanos con el objetivo de construir y fortalecer pactos y estrategias que nos permitan favorecer la protección de los y las defensoras y, a la vez, mantener y ampliar nuestras luchas. 
 
Estos son dos temas que no pueden separarse. Cuando decimos que el feminicidio tiene causas estructurales, significa que quienes defienden a las mujeres para que no sufran esta clase de violencia, de alguna manera también están en riesgo. Esta situación no debemos permitir que se extienda durante 2014 como ocurrió durante este año que se va. Tan solo en Guerrero, al sur de Morelos, el recuento es dramático: no hay garantías para que las y los defensores continúen su labor en el estado. Ejemplo de ello el caso de Nestora Salgado, la desaparición forzada de Eva Alarcón desde el 7 diciembre de 2011, Fabiola Osorio Bernáldez, integrante de la organización ecologista Guerreros Verdes, ocurrido el 31 de junio de 2012; Juventina Villa Mojica, ocurrido el 28 de noviembre de 2012 en la comunidad La Laguna, municipio de Coyuca de Catalán; de Rocío Mesino Mesino, dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), quien fue asesinada el 19 de octubre de 2013, en el municipio de Atoyac de Álvarez; y más recientemente, de Ana Lilia Gatica Rómula el pasado 10 de noviembre de 2013, de la Organización Popular de Productores de la Costa Grande (OPPCG).
 
 Por ello, nuestro mensaje es: tener conciencia del peligro, para actuar colectivamente y lograr que 2014 sea un año distinto, con la alegría y la solidaridad que nos permita vivir con la dignidad que todas y todos merecemos. Salvarse en medio de la tempestad resulta más fácil si se responde organizadamente que cuando se actúa en forma desesperada individualmente. Pero no siempre se reacciona colectivamente de manera espontánea, cuando la ideología dominante es el individualismo y el egoísmo fríamente basado en la mercantilización y/o cosificación de las relaciones humanas. Continuar el trabajo por crear una verdadera cultura de respeto a los derechos humanos en 2014 es mucho más que palabras, es compromiso cotidiano.
 
Atentamente.
Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C.
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