2013 Entre el espanto y la ternura.

Juliana G. Quintanilla y José Martínez Cruz.

 Una vida que se va. Casi al terminar el año 2013. Unos campesinos caminan por los campos de Huexca. A lo lejos se ven las torres casi concluidas de la termoeléctrica. Cómo ha cambiado el paisaje, se dicen. Antes destacaban las milpas amarillas recién cosechado el maíz. En la distancia el coloso de blanco con su hilillo de vapor de agua. Los campos de cultivo a punto de transformarse en planchas de cemento. Algo muere, lo piensan. Ven una bolsa de plástico negro al lado del camino de terracería. Descubren, con espanto, que se trata del cuerpo de una mujer. Tiemblan y sudan al darse cuenta del horror y quisieran no poder imaginar el sufrimiento que le causaron a quien en vida fue una joven mujer trabajadora. Avisan como pueden y llegan peritos forenses que perjuran posteriormente que ellos no dieron a conocer, ni mucho menos vender, las fotografías que al día siguiente publica de manera descarnada el diario oficioso de un gobierno que le paga a su dueño millones por publicidad oficial. 53 historias similares se presentaron a lo largo de 12 meses en caminos, pueblos, rancherías, colonias, hoteles, viviendas abandonadas y a orillas de las autopistas, así como en calles céntricas de ciudades que ven cómo crece el número de feminicidios en Morelos.

Una vida que perdura. Junto a sus dos pequeñas hijas, su joven madre celebra el fin de año en compañía de su familia, luego de regresar del trabajo. Las ocho cicatrices que tiene su piel casi no se notan. De acuerdo al médico legista una herida se practicó a centímetros de haber causado la muerte. Otro perito contratado por el agresor trató de demostrar que son heridas que tardan en sanar menos de 15 días. En primera instancia prevaleció el criterio del segundo y el perpetrador fue liberado. En el juicio de casación se obtuvo un fallo apegado al primer dictamen y lo sentenciaron a solo 6 años de prisión. Ella sobrevivió a un ataque feminicida. Y vive para contarlo para que se haga justicia y otras no lo sigan padeciendo.

Don Valentín sabe trabajar de todo. Plomería, electricidad, es lo que más hace. Tuvo que dejar sus clientes luego de que detuvieron a su hijo. El estigma golpea. Una noche su hijo fue detenido por un grupo de policías federales. Lo torturaron. Cuando narra lo que le hicieron no puede evitar la tristeza. Es el dolor que penetra en lo profundo del ser. Su hijo está en una cárcel federal. Sin estudios universitarios, ha tenido que leer lo que significa el Protocolo de Estambul y exigir que se aplique para determinar la tortura. Sabe que hay que seguir luchando. El y su esposa no bajan la guardia. Se trata de su hijo. También, de la justicia.

Joaquina camina de espaldas a la cámara de televisión, desde donde narra un compañero periodista lo ocurrido a Doña Petra, José y Angel. Ella sabe que se va un año más sin encontrar justicia. Voltea a ver de frente al entrevistador y dice: que no haya impunidad. Aprendió de su madre lo que es la lucha desde la sierra. Y cuando habla con el agente del Ministerio Público ya no suplica, exige. Es un derecho. Hay que pelear por ello. Así como la vida sigue, cuando con sus manos expertas levanta muros y pinta paredes.

Teresa vio el video donde sale una persona con una pistola en la mano luego de haberla disparado contra su hijo en un bar en pleno centro de la ciudad. No dudó en apuntar su exigencia de justicia. El fiscal la escuchó y ordenó un peritaje. Los jueces mostraron que había pruebas irrefutables. Y dictaron sentencia. Las lágrimas surcando las mejillas de ella, así como 25 años atrás, cuando el padre de su hijo fue detenido, torturado y asesinado por policías. La vida no es fácil, y menos cuando la historia trágica se repite, lo sabe Tere, por lo que está decidida a luchar para cambiar este mundo para que su nieto hoy huérfano viva una vida diferente.

Historias pequeñas, simples, sencillas, como las de muchas personas que llegan a la oficina de la Comisión Independiente de Derechos Humanos a lo largo de ya casi 25 años. Historias dolorosas, terribles, duras. No siempre se logra esclarecer ni resolver cada caso. No depende solo del esfuerzo, dedicación, tenacidad, voluntad. Se requiere sobre todo de conciencia organizada. Es a lo que apostamos en una perspectiva de lucha, por todas esas mujeres y hombres que exigen que se respeten sus derechos humanos que son de todas y de todos en un 2014 en el futuro inmediato.

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