Mercados, alimentos y forma de vida

Marco Aurelio Palma Apodaca y Juliana G. Quintanilla

El Mercado Popular López Mateos tiene medio siglo. Y resiste al proceso privatizador. Hace 3 años que miles de comerciantes tuvieron que despertar ante el proyecto del gobierno. En el 2011 nació nuestra lucha por la defensa del mercado ALM. Un día 17 de mayo de hace 3 años salimos del estacionamiento “Flores” miles de comerciantes indignados a tomar las calles y reclamar al alcalde Martínez Garrigós y al silencio cómplice de las desacreditadas “Agrupaciones Unidas” el hecho de querer imponer a toda costa el llamado “Proyecto de Rehabilitación Integral para el ALM” que consistía en que la Iniciativa Privada con su dinero obtendría un considerable nivel de participación y negocio en dicha remodelación; significando los primeros intentos históricos por concretar la Privatización del ALM y en consecuencia la pérdida de nuestras fuentes de sobrevivencia y de nuestros espacios públicos. Podemos decir que el injusto “Proyecto Garrigós” al final logramos echarlo abajo, significando sin duda un logro de nuestra conciencia organizada. Esta lucha local forma parte de una lucha internacional ante el crecimiento de los supermercados que impacta en nuestras formas de alimentarnos y de relacionarnos. Los alimentos kilométricos se han convertido en parte de nuestra alimentación cotidiana. Comida cargada de injusticia con las personas, los animales y el medio ambiente. La alternativa radica en el consumo local, ecológico, sin explotación animal, campesina, de proximidad, a pequeña escala. Un informe de Amigos de la Tierra señala que la media de kilómetros que hace un alimento del campo a la mesa es de más de cinco mil, con el consiguiente impacto medioambiental. Si contamos que algunos de estos productos vienen de cerca, significa que otros llegan de muy lejos. Pero lo más paradójico es que una parte importante de los mismos los podemos encontrar producidos, también, a nivel local. ¿Por qué, entonces, los consumimos de lugares tan remotos? Los salarios bajos, la persecución sindical, la legislación medioambiental flexible en numerosos países del sur que da beneficios  importantes a las empresas del sector son la respuesta. Que este modelo genere gases de efecto invernadero, explotación laboral y alimentos de baja calidad, parece que no importa. La desaparición del pequeño comercio es otro de los “daños colaterales” de la proliferación de los supermercados. Y las mujeres tienen un importante papel en la defensa y organización que debe ser revalorado para enfrentar esta situación. Mujeres son la mayoría de las que trabajan en el mercado y en la casa. La alimentación, la cocina en el hogar, ir a comprar comida, las pequeñas huertas para el auto-consumo, ellas forman parte de estos trabajos de cuidados, que no se valoran ni se ven, pero que resultan imprescindibles. Tal vez por eso, no se aprecia ni qué ni cómo ni quién produce lo que comemos: pensamos que cuanto menos gastemos en alimentos, mejor; creemos que cocinar es perder el tiempo; se opta por comida fast-food, “buena-bonita-barata” y rápida; se asocia ser campesino a “ser de pueblo” e ignorante. Nuestros cuidados, parece, no importan. Y acabamos delegando en el gran mercado capitalista, quien, finalmente, hace negocio con estos derechos. Sin embargo, todos estos trabajos son vitales. ¿Qué sería de las personas sin comer? ¿Sin una alimentación sana y saludable? ¿Sin quién cultivara la tierra? ¿Sin cocinar? La “dieta globalizada” es resultado de una “producción-distribución-consumo globalizado”, donde ni pequeños comerciantes ni campesinos ni consumidores contamos. Creemos decidir qué comemos, pero no es así. Como afirmaba el relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, en el informe ‘El potencial transformador del derecho a la alimentación’: “La principal deficiencia de la economía alimentaria es la falta de democracia”. Y sin democracia del campo a la mesa, ni elegimos ni comemos bien. De ahí la importancia de la lucha local y la lucha global. Hoy en el 2014 se repite la misma historia y solo cambian algunos personajes, en este caso ahora es el Gobierno de Graco con el llamado “Proyecto-Mitre” que se presentó a la opinión publica en enero del 2013 apoyados en una maqueta arquitectónica plagada de errores y que se trató de imponer todo el tiempo y con todo tipo de argucias, y que para colmo llevaba una perspectiva empresarial y privatizadora que consistiría en concesionar 30 años a los inversionistas privados lo relacionado a la construcción de un estacionamiento de 4 niveles en la conocida área de las “Flores”, además de agregar escaleras y rampas eléctricas en ciertas áreas específicas, no propio de un mercado popular y si de una megatienda de modelo capitalista tipo Walmart, de las mismas que le importa en lo más mínimo dejar a grupos de personas sin local o fuente de trabajo. Pensamos que es necesario mejorar este mercado de casi medio siglo de existencia, pero los posibles proyectos de remodelación que se quieran implementar tienen que ser previamente consultados, socializados y consensuados con todas y todos los comerciantes. Nuestro ALM se encuentra lleno de carencias y el abandono oficial se refleja en cada una de sus áreas y pasillos, somos un tejido social amplio y consciente. Seguiremos defendiendo y luchando cotidianamente por conservar nuestras tradiciones, nuestra identidad popular y nuestra cultura. ¡Ya no lo podemos permitir!  ¡Tenemos que organizarnos con mayor fuerza y con mayor conciencia! ¡Con unidad ahora es tiempo de seguir luchando!  

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