Archivo diario: agosto 11, 2014

A los 25 años de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos florecen raíces.

Tiempo somos. Nuestro andar desde hace 25 años es parte del camino del pueblo. Nacimos con la convicción de luchar por construir una cultura de respeto a los derechos humanos. Y aquí seguimos. Formamos parte de un proceso social e histórico que trasciende, sin negar, el momento y las circunstancias. Fue como consecuencia de la movilización de todo un pueblo que dijo basta a la antidemocracia y el autoritarismo del sistema de dominación priista, en aquel año de 1988, cuando se dieron pasos hacia la conquista de derechos políticos que 20 años atrás se habían exigido por el poderoso movimiento estudiantil de 1968, y que, al igual que el 2 de octubre en Tlatelolco, en 1988 ocurrió un golpe de estado técnico convertido en fraude electoral ese día 6 de julio, se impuso a Salinas en la presidencia. El zarpazo del poder neoliberal fue brutal y tuvo secuelas, cientos de asesinatos de militantes políticos, empezando por la desaparición forzada de nuestro compañero José Ramón García Gómez el 16 de diciembre de 1988. No podíamos permanecer con los brazos cruzados. Enmendamos el error de la desaparición del frente pro Derechos Humanos, creado en 1977 hasta 1987 cuando algunas organizaciones consideraron que ya no era necesario. La realidad fue más cruel que cualquier previsión. Y vino la represión. Nuestra compañera Jean McGuill fue cruelmente atacada sexualmente. El pueblo indígena de Xoxocotla fue reprimido y asesinados David y Juan por ganar las elecciones para la Delegación. Así que nos constituimos como Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos en 1989. Hace 25 años. Un recuento de los daños y de los avances, nos permite ver el camino recorrido y, tal vez, el horizonte en perspectiva. Los derechos solo se conquistan mediante la lucha. Si no hay vida digna no hay respeto a los derechos humanos. En Morelos ha habido una confrontación entre la lógica del capital y los derechos de los pueblos. En Morelos vivimos en peligro constante y no resulta fácil. Cada vez es peor y más difícil. Sobre todo cuando es la vida de las personas la que está en riesgo latente. Más allá de cualquier apreciación subjetiva, vale la pena indicar cuáles han sido las tendencias y grados de complejidad en que estamos como sociedad. Por ejemplo, las prácticas autoritarias y represivas como una respuesta de la política gubernamental, ha sido un rotundo fracaso. El feminicidio se sigue cometiendo y se mantiene en los niveles más altos. Mucho menos si el gobierno mantiene la cerrazón y la política de oídos sordos. 530 feminicidios en 13 años es una cifra alta que deja al descubierto la falta de atención y justicia, cuando ni uno solo debería ocurrir. Las palabras no alcanzan a dar una noción de todo el dolor que ello representa. La muerte en su extrema violencia se ha repetido pero expresándose en múltiples formas, lo que va indicando el grado de crisis social. Durante los años recientes la presencia del Ejército en las calles ha significado el crecimiento de las violaciones a los derechos humanos de ciudadanos que no han cometido delito alguno. Esta lógica de militarización y estado policíaco implican no solo tortura individual, sino un terrorismo de estado que termina sembrando el miedo y tratando de paralizar la protesta social. Nuestras razones son claras: los derechos humanos se defienden mediante la organización colectiva. No coincidimos con quienes pretenden combatir la inseguridad con medidas autoritarias. La violencia criminal no se resuelve con violencia institucional. La seguridad ciudadana solo se logra con participación y no con exclusión, aún menos con Mando Único, militares y marinos, como pretenden tirios y troyanos. En Morelos la tortura se ha intensificado por parte de las corporaciones policíacas y el Ejército, en la detención de presuntos integrantes de bandas delictivas para obtener información sobre actividades que presuntamente cometieron, se ha generalizado el uso de la tortura por parte de perpetradores desconocidos, con la aquiescencia o complicidad de las autoridades, que utilizan toda clase de métodos, cual más brutales, para causar severos daños físicos y dolor a personas que posteriormente privan de la vida. No hay informes oficiales sobre investigación de casos de tortura ni sanción a quienes cometen este grave delito, lo que garantiza que quienes los cometen actúen con total impunidad, no hay medidas que inhiban, investiguen y sancionen la tortura cometida por policías o por particulares, lo que tiende a generalizar las violaciones a los derechos humanos en Morelos. Los pueblos y organizaciones sindicales y sociales han recurrido a la movilización y la protesta social, política y jurídica, demostrando que no se ha cumplido el derecho a la consulta previa y suficientemente informada, razón por la que se ha incrementado la inconformidad social y la organización de colectivos, coordinaciones y frentes de lucha. En estos años los logros han sido sobre todo en la toma de conciencia de la necesidad de luchar por un paradigma distinto de lo que significa el desarrollo, que de ninguna manera puede verse exclusivamente en indicadores económicos, sino sobre todo de justicia social y de inclusión en la toma de decisiones, con democracia participativa. Una sociedad de derechos debe partir precisamente de su respeto absoluto. Con la convicción de que la conciencia organizada es lo que nos sostiene, podemos asegurar que a 25 años de luchar por una cultura de respeto a los derechos humanos, florecen nuestras raíces!
cidhmorelos@gmail.com twitter: @cidhmorelos.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo CIDH