Violencias del sistema y derechos humanos

Juliana G. Quintanilla y José Martínez Cruz

Tomar en cuenta la violencia sistémica del capitalismo puede ayudar a romper la ilusión de que el capitalismo lleva dentro de sí el proyecto de Estado de derecho y ciudadanía. Por lo contrario, la violencia sistémica capitalista vuelve al “Estado de derecho” un “estado de sumisión” a los intereses capitalistas. La violencia sistémica capitalista implica la negación del Estado de derecho, mientras la violencia simbólica insiste en imponer la ficción de que el capitalismo promueve la legalidad, la división de poderes, la ciudadanía. La lógica capitalista corroe al Estado de derecho, distorsiona el sistema jurídico y vuelve una ficción la división de poderes. Por ello destaca el doble discurso del régimen: al mismo tiempo que se dice defender el Estado de derecho, se reitera en la práctica la ruptura de la legalidad por parte de los empresarios y gobernantes así como su desaforada sed de ganancia y corrupción, que se impone a través de la violencia represiva.

La desaparición forzada de 43 normalistas y el feminicidio, van de la mano de la militarización y la aplicación de políticas neoliberales, que impulsan todo tipo de violencias del sistema capitalista. Un régimen antidemocrático y un sistema autoritario, patriarcal y machista, se impone en contra de la voluntad de la mayoría y nos conduce a una violación sistemática de los derechos humanos.

Ante este panorama crece la protesta social en todo el país, por lo que aumenta la polarización social y desde el poder se criminaliza a quienes luchan, por lo que es necesario identificar las raíces de la violencia sistémica que refiere las consecuencias catastróficas del funcionamiento del sistema económico y político (capitalista), en particular durante su fase neoliberal: miseria, desigualdad, exclusión, delincuencia, etc.; ésta es una violencia normal, naturalizada e invisible, pero es la causa fundamental de gran parte de las violencias de nuestra sociedad; la violencia simbólica, que remite a la imposición de sentido del discurso de la clase dominante y a la ideología del propio sistema (racismos, odios, discriminaciones, etc.), al poder de destacar o invisibilizar y silenciar; y las violencias subjetivas, que apuntan de modo directo a las violencias concretas que se ven y destacan los medios de comunicación de masas: los crímenes sádicos contra las mujeres, las masacres cotidianas, las agresiones de narcos, policías, militares, paramilitares, etc., con “daños colaterales” en la población civil, como analiza nuestro compañero Andrés Lund.

Porque la violencia simbólica (la del discurso y la ideología dominante, que se impone de modo vertical y sin posibilidad de réplica) oculta a la violencia sistémica del capitalismo y del neoliberalismo (la incesante producción masiva de pobres, de precarios, de excluidos, muchos de ellos infectados por el fetichismo del dinero y del consumismo), pues sólo muestra ciertas violencias subjetivas y oculta otras.

Pero lo que principalmente oculta es el hecho de que se pretende combatir a las violencias subjetivas usando la violencia sistémica que las provocó: en vez de que aumente el gasto público social y se promueva el empleo bien pagado, en lugar de respetar la ley y regular el funcionamiento del Capital, sigue creciendo el desempleo y si aumenta el gasto gubernamental lo hace en bonos especiales para los políticos profesionales y el armamento para la policía y el ejército.

Si no se ataca la violencia sistémica, si se recurre a ella para terminar con las violencias subjetivas, el resultado necesario será el incremento de violencias, tanto sistémica como simbólicas y subjetivas.

El capitalismo es violento y criminal, en el que no importa que aumente la miseria si la economía (las ganancias del Capital) va bien. Contra la violencia sistémica del capitalismo se necesita un cambio de política económica, de régimen, de sociedad. Para reconstruir tejidos sociales y mundos sociales humanizados, exigimos igualdad y libertad como sustento de una Justicia social efectiva, en la ley y en la realidad social, el respeto a los derechos humanos, Alerta de Violencia de Genero contra el feminicidio y por el regreso de los 43 normalistas, porque si ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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