Memoria histórica desde Eureka hasta Ayotzinapa.

Memoria histórica desde Eureka hasta Ayotzinapa.
Juliana G. Quintanilla y José Martínez Cruz
En los días luminosos y tristes de una época que nos toca vivir, recuperar la memoria histórica como herramienta cargada de futuro. Los pueblos que son capaces de construir su propio destino, se elevan de la gris cotidianidad y asumen tareas que en otro momento podrían parecer imposibles. No estamos viviendo tiempos de normalidad, sino de profunda crisis que termina expresándose en cualquier momento y circunstancia. Enfrentamos el horror de la violencia que destruye vidas sin sentido ni razón. Sentimos en la piel y en el corazón el dolor de los ausentes, desaparecidos pero no olvidados. Estos trozos de la memoria que no muere ni morirán nunca; son la historia de la batalla contra una infamia; es nuestra verdad que se alza acusadora contra la mentira oficial, contra la demagogia, la hipocresía y la falsedad de los malos gobiernos. Desde Eureka hasta Ayotzinapa hay una continuidad que estremece la conciencia: “Nosotras que hemos sufrido en carne propia la peor de las violencias: que fuimos sometidas al dolor que no cesa por la incertidumbre de no saber el paradero de nuestros hijos, hermanos y familiares nos volvimos sin proponérnoslo en acérrimas defensoras de los Derechos Humanos. En nuestro peregrinar fuimos entendiendo que a nuestros familiares desaparecidos el mal gobierno se los llevó porque se atrevieron a luchar por los derechos de los ciudadanos de este país y por lo tanto eran enemigos a los que había que quitar de en medio. A las “Doñas”, como cariñosamente nos bautizaron hombres y mujeres solidarios con la lucha por justicia para nuestros hijos desaparecidos, en la intimidad del Comité ¡Eureka! Se nos podía ver con los rostros entristecidos, cabizbajas, ocultando los ojos llenos de lágrimas pero frente a los criminales mercenarios del gobierno solo puños alzados, cabezas erguidas y gestos airados de reclamo.”
Rosario Ibarra recuerda: Hago repaso y veo a cada una con la efigie de su hijo en el pecho o apretando con sus manos una manta, o alzando una pancarta o afanosas repartiendo volantes y siempre lanzando al viento, todas ellas a coro, el grito lleno de esperanza, sonoro, fuerte, rotundo: ¡vivos los llevaron, vivos los queremos!
Qué hermoso salto fue aquel, cuando de la lucha personal, de la búsqueda de justicia que cada una emprendimos, al encontrarnos, al juntar nuestra pena, saltamos al sentir colectivo, a la amalgama de ideas y de acciones, todas con la intención inequívoca de que la lucha sería por la libertad de todos… y sentimos la fuerza de ser enjambre.
En Morelos la historia de la desaparición forzada corre desde aquel 16 de diciembre de 1988 cuando policías del gobierno priista de Salinas y Riva Palacio desaparecieron a José Ramón García Gómez en Cuautla, hasta el 26 de septiembre de 2014 en que policías del gobierno perredista de Abarca y Aguirre y el priista de Peña Nieto, desaparecen a 43 normalistas de Ayotzinapa en donde se encuentra José Luis Luna Torres de Amilcingo, Morelos.
Será precisamente en Amilcingo, donde llegará la caravana “Daniel Solís Gallardo”, en honor a uno de los normalistas asesinados, luego de recorrer los estados de Chiapas, Oaxaca, Morelos y Tlaxcala. Esta es una de las 3 caravanas que salieron de Ayotzinapa para recorrer el país informando sobre el proceso de búsqueda de los normalistas desaparecidos, y recoger propuestas para la conformación de un plan que permita transformar las causas que originaron los hechos ocurridos en Iguala.
Por eso precisamente nos reuniremos con la Caravana de Ayotzinapa en Amilcingo los días 17 y 18 de noviembre, en su recorrido hacia la Ciudad de México, donde culminará con una magna marcha el 20 de noviembre, Ese mismo día en Cuernavaca realizaremos una marcha del Calvario al zócalo de Cuernavaca a las 5 de la tarde, en el marco de un gran paro nacional por la presentación con vida de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.
El truco del gobierno de querer convertir el asunto en local y del crimen organizado es lo que explica que desde el principio busquen fosas clandestinas y cadáveres. No buscando desaparecidos, es decir personas vivas detenidas ilegalmente, sino muertos. Porque personas víctimas de una desaparición forzada quiere decir responsabilidad del Estado. ¿Y qué sucede con los desaparecidos según la historia conocida? Son llevados a cárceles clandestinas o a campos militares. Y obviamente ahí no se busca a los 43 compañeros desaparecidos. A pesar de que en Iguala hay, a unos metros de donde fueron atacados los estudiantes por parte de la policía municipal, un cuartel militar con más de 600 elementos del ejército. Rechazamos la criminalización de los movimientos sociales en Morelos, en Guerrero y en todo el país, y demandamos pleno respeto a la demanda de seguridad ciudadana, respeto a los derechos humanos de los pueblos y un alto al proceso de militarización y generalización de la represión a través de una estrategia policíaca de Mando Único que pasa por encima de municipios y derechos de los pueblos. ¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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