Transformar los sueños en realidades en 2015.

José Martínez Cruz y Marco Aurelio Palma Apodaca.

Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta borrar la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrirnos que el paraíso estaba ahí a la vuelta de todas las esquinas, escribió Julio Cortazar, como a propósito de lo que hoy enfrentamos en el inicio de 2015, ante una opresiva y violenta realidad que no corresponde para nada a los sueños y aspiraciones de una humanidad amorosa y fraterna como la que se expresa en los días de fiesta y convivencia que avizora un futuro cargado de sueños y no sólo de ilusiones.
Como decir: Nestora Salgado será libre. Es atrevernos a sumarnos a la campaña para exigir que así sea. Nada se obtiene si no se lucha. Atreverse a luchar es empezar a cambiar esa realidad que hoy la mantiene tras los barrotes de la prisión injusta, a ella y a todas las mujeres y hombres que están en las prisiones del Estado producto de la criminalización de las luchas sociales que este gobierno ha venido aplicando de manera sistemática durante 2014 y que llevó a una gran cantidad de presos y presas políticas a ponerse en huelga de hambre en las cárceles para denunciar lo que el gobierno de Peña Nieto trata de ocultar con un mensaje que coloca en la boca de una niña con imágenes de las marchas y movilizaciones de protesta, como si reconociera la diversidad y el origen de las mismas, cuando en la realidad es la violencia institucional la que sentimos cotidianamente. Ese juego de ilusiones manipulado y repetido mediaticamente no puede impedir que crezca la exigencia de libertad de todas y todos los presos políticos, que debe ser una realidad en 2015. Pasó el 2014 pero no olvidamos a ninguno de los 43 estudiantes desaparecidos en Guerrero, México. Pasó el 2014 pero no olvidaremos a ninguna de las víctimas de desaparición. Su voz se escucha en cada uno de los gritos de los que pedimos justicia, y estas voces serán más fuertes, así pasen los días sin justicia, en todo el mundo. Hasta que sean encontrados. Estas desapariciones son fuente de grave preocupación para la comunidad nacional e internacional y refleja la crítica situación de derechos humanos que vive México. Ayotzinapa no es un hecho aislado, sino un evento que se suma a casos como las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya, los feminicidos en Chihuahua, en Morelos, en el Estado de México, en Chiapas y en diversas partes del país, las decenas de miles de secuestros a migrantes, y las más de 23,270 personas desaparecidas contabilizadas aun cuando se sabe de muchas más que se desaparecen de las mismas estadísticas ante la lógica del terror y del miedo que pretende paralizar a la sociedad que se levanta al grito de #AyotzinapaSomosTodos. Si no hay justicia social no puede haber paz ni democracia. La paz no es solamente la ausencia de la guerra, mientras haya pobreza, explotación, racismo, discriminación y exclusión, difícilmente se podrá alcanzar un mundo de paz, nos recuerda Rigoberta Menchú. En 23 años el ingreso en los hogares mexicanos no se ha elevado. Los programas de desarrollo social están dispersos y tampoco han logrado reducir la pobreza, mientras que los programas productivos tampoco reflejan los resultados adecuados. Ni el crecimiento económico, que ha sido de 1.2 por ciento en promedio anual per cápita entre 1993 y 2013, ni los programas de combate a la pobreza han dado resultados. La calidad de los servicios para la población en pobreza y pobreza extrema es aún insuficiente y el acceso efectivo a los derechos sociales no favorece a grupos tales como indígenas, discapacitados, adultos mayores y mujeres. El poder adquisitivo del ingreso se ha reducido desde 1992. Las crisis económicas de 1994 y 2009, la volatilidad de los precios de los alimentos desde 2007, así como la falta de crecimiento de la productividad en largo plazo han sido responsables de esta problemática. Y ante la grave crisis institucional se requiere enfrentarla mediante un proceso de organización unitaria desde todos los rincones del país. En medio de la corrupción, la indolencia y la ineficacia gubernamentales, que se evidenciaron en la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, el obispo Raúl Vera, del centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios y del Fray Bartolomé de las Casas, ambas organizaciones hermanas integrantes de la Red Todos los Derechos para Todas y Todos de la que formamos parte la CIDHMORELOS, ha hecho una convocatoria para refundar el Estado mexicano. El objetivo es que el 5 de febrero próximo una asamblea decida los puntales de una nueva Constitución. En el mismo espíritu que motivó la redacción de Los Sentimientos de la Nación en 1813, Vera explica: “Hay que remediar el país, no remendarlo”. Ante un Estado represivo y autoritario se requiere elevar la respuesta, mediante un programa que tenga en el centro el pleno respeto a los derechos humanos y que organice un poder popular mediante una articulación de las resistencias, como la asamblea nacional que se llevará a cabo el 10 de enero en Ayotzinapa lo plantea. Por eso, abrevando en la sabiduría indígena de nuestros pueblos, recordamos las palabras de las y los abuelos: “El camino más largo que vas a tener que caminar es de aquí hasta aquí. Desde la cabeza hasta tu Corazón. Pero también dicen que no se puede hablar a la gente como un líder a menos que haya realizado el viaje de regreso. Desde la parte posterior del Corazón a la cabeza”.

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