Cuando la conciencia levanta del suelo.

José Martínez Cruz y Paloma Estrada Muñoz

 

Defensoras somos todas. Es un llamado y una definición. No es sencillo asumirse como una persona que defiende los derechos humanos. Requiere tomar conciencia de la posibilidad de hacerlo. Desde cualquier lugar y circunstancia en donde haya necesidad. En ocasiones ocurre que el despertar es violento. Y destruye. Superar el dolor es posible cuando existe un brazo solidario y un corazón sensible, que permite aminorar el peso de la carga. Estuvimos en Saltillo, Coahuila, y a la luz de su Historia, con la gente del norte que mira la frontera, y sabe que aún en el desierto llueve, que la migración existe, que los desaparecidos hay que buscarlos, porque nada puede impedir que la vida sea como la queremos para todas y todos, compartimos el Informe “Defensoras somos Todas”, con familias de FUNDEM (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos de México), con el Centro Fray Juan de Larios y el Centro Juan Gerardi. Ahí pudimos constatar la enorme capacidad de organización y lucha en medio de la violencia estructural que ocasiona un verdadero horror por la acumulación de procesos de crisis que destruyen las mejores relaciones humanas ante el uso y el abuso del poder.

Mujeres defensoras que tomaron conciencia a partir de su propia tragedia al perder a un hijo o una hija a manos de policías, militares o grupos privados ligados al crimen que cuentan con la anuencia o aquiescencia del Estado para llevar a cabo sus actividades criminales en la impunidad. Transmitimos conclusiones de un Informe que busca visibilizar las violencias para poder denunciarlas y combatirlas, para que se tome conciencia de que es posible transformar esta realidad mediante la organización y lucha colectiva. Recibimos testimonios y aportaciones desde quienes se sobreponen al dolor individual mediante la lucha por la justicia y la verdad, con perseverancia y compromiso por cambar la realidad. La mayoría de quienes participan en este movimiento son mujeres. Algunas jóvenes y la inmensa mayoría de edad avanzada, cuando las fuerzas flaquean la esperanza las fortalece ante la enorme necesidad de encontrar a sus familiares.

Como ríos que fluyen desde diversos lugares, las mujeres se han ido encontrando en la misma búsqueda. Y muchas de ellas viven la tragedia personal que las va destruyendo cotidianamente, hasta que han encontrado a quienes padecen la misma situación y se atreven a actuar colectivamente. Y a construir su propia organización. En este mundo globalizado, defender la esperanza de otro mundo posible, implica cuestionar tanto los fundamentos económicos, sociales y políticos, como las relaciones mismas entre las personas, como lo ha hecho el movimiento feminista y el movimiento de derechos humanos que crece por todas partes. No ha sido fácil que se logre abrir una perspectiva de esta naturaleza. Las defensoras de derechos humanos asumen un alto riesgo al cuestionar precisamente las causas estructurales de esta violencia.

A través de esta investigación concluimos que la violencia estructural termina afectando a todos los niveles de las vidas de las personas y sobre todo de quienes se atreven a luchar para impedir que continúe dañando vidas humanas y por condiciones de existencia dignas. Asumir estos riesgos no implica, por ello, quedar desprotegidas y expuestas a sus propias fuerzas y recursos. Si bien es cierto, estas mujeres no se intimidan ante las dificultades que enfrentan, no es suficiente reconocer y valorar su trabajo social y políticamente, sino que deben dotarse de instrumentos y herramientas que les garanticen contar con la solidaridad inmediata y el apoyo de todo tipo para disminuir el riesgo, superarlo cuando ocurre, recuperar la esperanza y seguir viviendo, no sucumbir en la soledad y en el aislamiento en el que los perpetradores quisieran mantenerlas para disminuirlas, invisibilizarlas y hasta desaparecerlas.

Bien señala Doña Rosario Ibarra “Nosotras hemos sufrido la peor de las violencias, fuimos sometidas al dolor que no cesa por la incertidumbre de no saber el paradero de nuestros hijos, hermanos y familiares nod volvimos sin proponérnoslo en acérrimas defensoras de los derechos humanos”.

Si vivir es resistir, luchar es transformar. Como nos lo muestran las defensoras que nos brindaron su confianza para documentar sus casos y quienes contestaron la encuesta, transmitiendo experiencias, reflexiones, inquietudes y propuestas innovadoras.

Hay mucho por enfrentar de manera colectiva y existe un conocimiento acumulado por el intercambio a través de redes, articulaciones, vínculos afectivos y de trabajo, en espacios de encuentro y dialogo, de compartir los caminos de la vida para dotar de estos instrumentos vitales de acompañamiento y de respuesta inmediata y urgente, para proteger la vida y garantizar que se continúe realizando la actividad que se lleva a cabo por la libertad, la justicia y la igualdad, por el acceso de todas las mujeres a una vida libre de violencia.

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