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Informe A 6 meses de la Alerta de Violencia de Género en Morelos

Un Estado que no garantiza la vida y la libertad de las mujeres.

Sin medidas emergentes no se detiene el feminicidio.

La AVG es una herramienta jurídica que requiere voluntad política, no simulación.

 Al cumplirse 6 meses de la Alerta de Violencia de Género para 8 municipios del Estado de Morelos que entró en vigor el 10 de agosto de 2014, la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C., organización peticionaria de la AVG, presentamos un balance de las acciones y medidas establecidas en el decreto emitido por la CONAVIM al gobierno del Estado de Morelos encabezado por Graco Ramírez Garrido Abreu.

En medio de una grave situación de violación reiterada y sistemática de los derechos humanos en la entidad morelense, donde la violencia feminicida forma parte de la creciente inseguridad en la que se vive cotidianamente, es importante analizar en profundidad las consecuencias negativas para la vida, la libertad y la seguridad de las mujeres, que tiene la falta de aplicación de todas y cada una de las medidas establecidas en la AVG.

El recuento de feminicidios en el Estado de Morelos es de 686 casos en 16 años. En nuestra solicitud de aplicación de la Alerta de Violencia de Género, documentamos 530 casos en 13 años. Hoy constatamos que el nivel de Violencia Feminicida se mantiene en los más altos niveles durante la gestión del Gobierno actual encabezado por Graco Ramírez. Lejos de ser un problema heredado del pasado, como argumenta, es una situación actual que lacera cruelmente los derechos de las mujeres. Ante estos crímenes no debemos olvidar que las consecuencias del feminicidio son múltiples y además de privar de la vida a las mujeres, deja secuelas graves en su entorno familiar y en el tejido social. Las mujeres son doblemente victimizadas: son las madres, las hermanas, las hijas, quienes sufren la pérdida y el trauma psicológico y el daño moral que significa el trato, que autoridades y algunos medios de comunicación, que dan a los cuerpos de las víctimas, exhibiéndolos y denigrando su dignidad. Las consecuencias sociales son igualmente dañinas, porque van elevando el umbral de violencia permitido y tolerado en el cuerpo ideológico de la sociedad, permitiendo y aceptando el proceso de degradación y crisis de las relaciones en los ámbitos social, familiar y cultural. Es por ello que se hace un enérgico llamado a todas y cada una de las instituciones para que frenen los asesinatos de cientos de mujeres, pues al no aplicar verdaderas y efectivas políticas públicas para combatir la violencia en contra de las mujeres, y mucho menos hacer efectiva la legislación vigente que previene y sanciona la violencia contra las mujeres, se vuelven directamente responsables.

Del año 2000 al 2005 se reportaron 122 feminicidios en Morelos. Para el año 2000 en los diarios locales se reportaron 21, en el 2001 sumaron 28, en el 2002 reportan 18 casos, en el 2003 fueron 10 casos, en el 2004 sumaron 15, y del 2005 fueron 30 casos, con lo que se documentó la cifra más alta de estos primeros años.

Para el año 2006 se contabilizaron 37 feminicidios; en el 2007 el número de casos aumento a 54; en el 2008 la cifra quedo en 36; durante el 2009 se documentaron 37; el 2010 reportó 47; mientras que en el 2011 la cifra aumento a 70 y en el 2012 creció aún más para quedar en 92. En el 2013 se contabilizaron 70. Durante el 2014 fueron 54 los feminicidios y en el 2015 concluimos con 57. En lo que vamos del 2016 se han registrado 10. Dando un total de 686 feminicidios en 16 años.

FEMINICIDIOS OCURRIDOS DURANTE LA AVG DECRETADA EN MORELOS

A partir de que se decretó la AVG en Morelos (10 de agosto del 2015), se han registrado 37 feminicidios. El mes en el que ocurrieron más casos fue Enero (2016) con 10, seguido de Diciembre con 7, Septiembre con 6 y Octubre también con 6. Esto deja ver que en lugar de disminuir, los feminicidios aumentaron.

La violencia Feminicida y en particular los Feminicidios en el Estado de Morelos, es ya una situación de extrema violencia que se ha ido acrecentando a lo largo de los años. Son ya 31 los municipios de la entidad morelense que forman parte del mapa del feminicidio: Amacuzac, Atlatlahucan, Axochiapan, Ayala, Coatlán del Río, Cuautla, Cuernavaca, Emiliano Zapata, Huitzilac, Jantetelco, Jiutepec, Jojutla, Jonacatepec, Miacatlán, Ocuituco, Puente de Ixtla, Temixco, Temoac, Tepalcingo, Tepoztlán, Tetecala, Tetela del Volcán, Tlalnepantla, Tlaltizapan, Tlaquiltenango, Tlayacapan, Totolapan, Xochitepec, Yautepec, Yecapixtla y Zacatepec.

Del 10 de agosto del 2015 al 10 de febrero del 2016, los feminicidios sucedieron en por lo menos 17 Municipios diferentes, incluyendo los 8 Municipios donde se decretó la Alerta de Violencia de Género: Cuautla, Cuernavaca, Emiliano Zapata, Jiutepec, Puente de Ixtla, Temixco, Xochitepec y Yautepec.

En Temixco existe alta violencia feminicida que priva de la vida violentamente a muchas mujeres, lo que muestra la grave situación que se vive en Morelos. El feminicidio de Gisela Raquel Mota Ocampo, Presidenta Municipal de Temixco (uno de los 8 municipios donde se decretó el 10 de agosto del 2015 la Alerta de Violencia de Género), Morelos, muestra la violencia que afecta gravemente la vida, la libertad y la seguridad de las mujeres en la entidad, ya que forma parte de los cientos de crímenes que se han registrado a lo largo de 16 años y que la inmensa mayoría de los mismos se mantienen en la impunidad.

En Morelos hay Feminicidio y existe una violencia sistemática contra las mujeres. No se respeta el derecho de las niñas y las mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Los homicidios de niñas y mujeres son un problema grave e inadmisible. Son parte de la Violencia Feminicida como culminación de la violación de sus Derechos Humanos y evidencian la ruptura del Estado de Derecho en Morelos y en todo el País.

Cada vez con mayor frecuencia se conocen crímenes atroces contra niñas y mujeres de todas las edades en diversos Municipios de nuestro Estado y, a pesar de ello, el Gobierno Federal, Estatal y Municipal no ha diseñado una política integral para enfrentarlos y para abatir la impunidad que los caracteriza.

Autoridades de rangos distintos han demeritado los Homicidios de Mujeres, los desvalorizan con actitudes misóginas, acusan a las víctimas y no trabajan con profesionalismo en su esclarecimiento.

Ni las Desapariciones ni los Asesinatos ni la Impunidad son identificados como un grave problema, tampoco se reconoce la responsabilidad del Gobierno en los sucesos y su erradicación no es un eje prioritario de la Política de Desarrollo Social y de la Gobernabilidad.

Así como incontables mujeres victimizadas habían denunciado violencia en su contra ante autoridades que no la consideraron un riesgo para la vida y no asumieron su responsabilidad para evitarla, un número alarmante de casos no son esclarecidos, no se llega a la verdad, los agresores no son sancionados y no hay justicia. Por el contrario, la falta de profesionalismo de los funcionarios, el trato discriminatorio, incluso el encubrimiento a los agresores o la complicidad con ellos, prevalecen en la procuración de justicia. La corrupción hace inconfiables a las Instituciones en general para la ciudadanía.

Eliminar la Violencia Feminicida y todas las Formas de Violencia contra las Mujeres morelenses obliga a reorientar el trabajo del Estado.

Cabe señalar que el Gobierno Federal no ha dado Seguimiento ni Vigilancia al Cumplimiento de las Medidas, y al No establecer tiempos de cumplimiento, abre la posibilidad para la Dilación por parte del Estado de Morelos.

En síntesis podemos decir que la Violencia Feminicida proviene de un conjunto de Conductas Misóginas que Perturban la Paz Social, por lo que exigimos se cumplan todas las Medidas Establecidas por el Grupo de Trabajo en su informe, así como las Acciones Mandatadas por la Alerta de Violencia de Género en Morelos.

No hay más tiempo para salvaguardar la Vida y la Libertad de las Mujeres, deuda histórica del Estado Mexicano.

Atentamente.

Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C.

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La visita del Papa y los Derechos Humanos.

José Martínez Cruz y Marco Aurelio Palma Apodaca.

Un centenar de organizaciones civiles hemos dirigido una carta al Papa Francisco, para que durante su visita, se refiera a la alarmante situación por la que atraviesa México en materia de derechos humanos. El año pasado, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos realizaron visitas in loco al país. Ambos organismos internacionales constataron la grave crisis de derechos humanos que vive México y coincidieron en que la situación extrema de inseguridad, violencia e impunidad, y las alarmantes cifras de personas asesinadas, desaparecidas, desplazadas y torturadas, para un país que no se encuentra en medio de un conflicto armado reconocido, resulta impactante. Tan solo de diciembre de 2006 a diciembre de 2014, se registraron 4,055 denuncias por tortura ante la Procuraduría General de la República, de las cuales, 1,273 corresponden a denuncias contra militares. De igual forma, se tienen oficialmente contabilizados 27,638 casos de desaparición de personas, muchos de los cuales han sido cometidos por funcionarios públicos en el contexto de la actual política de seguridad. A estos casos recientes se deben sumar los 797 casos documentados de desaparición forzada durante la llamada Guerra Sucia que no han sido esclarecidos ni sancionados. Así mismo, en lo que va de la presente administración, sólo por nombrar algunos ejemplos, 22 personas fueron ejecutadas arbitrariamente por elementos militares en el Estado de México; 43 jóvenes estudiantes en el estado de Guerrero fueron desaparecidos forzadamente sin que a la fecha se cuente con investigaciones concluyentes ni satisfactorias sobre la suerte y paradero de las víctimas, ni mucho menos sobre la responsabilidad penal de los responsables; y el año pasado México ocupó el segundo lugar en América Latina por crímenes de odio por homofobia al registrar1,218 asesinatos homofóbicos entre 1995 y 2014, habiéndose registrado 247 homicidios contra personas LGBTTT en lo que va del sexenio. De manera preocupante, 5 municipios del país se encuentran dentro de las 50 ciudades más violentas por homicidios a nivel internacional. En Michoacán, tan solo el año pasado fueron asesinados al menos 50 civiles a manos de la Policía Federal en los municipios de Apatzingán y Tanhuato, y un niño de 12 años fue arbitrariamente privado de su vida por elementos militares en la localidad de Ostula en un enfrentamiento armado. En el Estado de México, se han registrado niveles alarmantes de violencia contra las mujeres, en 2014 se registraron 27 feminicidios en once municipios del estado y en 2015, hasta el mes de agosto, se registraron 19. En Ecatepec, uno de los municipios con los índices de violencia más preocupantes, en 2014 se encontraron 7,000 restos óseos en un canal de aproximadamente 19 kilómetros; 16 cadáveres correspondieron a mujeres. De manera similar, en Chihuahua, 2,361 mujeres han sido víctimas de feminicidio en los últimos 20 años. Hasta el momento, no existen sentencias significativas que envíen un mensaje a la sociedad que esos delitos no son aceptables en México. En Ciudad Juárez y sus alrededores, se estima que 254,426 personas dejaron sus hogares a causa de la violencia en el periodo de 2007 a 2011; el 41% de ellas cruzaron hacia Estados Unidos. El desplazamiento interno forzado a causa de la violencia es un problema que afecta de manera preocupante a todo el país, con una estimación de 287,358 personas desplazadas al interior de la República, sin que exista política o institución alguna que dé respuesta a las víctimas para garantizar de manera integral sus derechos humanos. En Chiapas, desde el conflicto armado interno en el estado en 1994, se estima que al día de hoy, más de 30 mil personas se encuentran en condición de desplazamiento interno forzado prolongado. Aunado a esto, los altos índices de extrema pobreza y marginación en la entidad, han sido utilizados como un instrumento de represión y manipulación por parte del Gobierno del estado, el cual, sin una política pública integral, ha implementado medidas paliativas para lucrar con la pobreza de la población e incentivar estructuras clientelares y serviles a favor de su partido político. Los megaproyectos basados en la minería, agroindustria, represas, entre otros, sumados a la corrupción endémica en la que se priorizan los negocios de los gobernantes y sus aliados empresariales, han impulsado estrategias de despojo, así como de intimidación y criminalización contra las comunidades y las personas que las defienden.  De igual manera, se le pide en la misiva al Papa Francisco, debe tener presente que el Estado mexicano se niega a aceptar la responsabilidad que han tenido el ejército y la marina en la comisión de graves violaciones a derechos humanos. Por el contrario, se ha fortalecido la presencia de las fuerzas armadas del país en tareas de seguridad pública, funciones propias de la policía civil tal como lo ordena la Constitución Mexicana. Para nosotras es muy importante, dado el altísimo número de víctimas de violaciones a derechos humanos, que la agenda de su visita considere a esas víctimas, muchas de las cuales requieren del reconocimiento y respaldo internacional ante la absoluta indolencia del Estado mexicano. Esta carta incluye la firma de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos, entidad que no será visitada, pero que no escapa a esta grave situación que debe ser de su conocimiento, como se demuestra con el incumplimiento de la aplicación de acciones de emergencia que señala la alerta de violencia de género, a seis meses de su aprobación.

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Fortalecer la lucha independiente.

Juliana G. Quintanilla y José Martínez Cruz

Enero de 2016 mostró semanas de intensa lucha social y política, movilizaciones, asambleas, en Cuernavaca, Morelos, donde telefonistas, electricistas, Pacto Morelos por la Soberanía Alimentaria y Energética, la OPT, la Asamblea de Usuarios y Usuarias de Energía eléctrica, la Comisión Independiente de Derechos Humanos, y otras organizaciones, salimos a la calle por los 43 jóvenes y miles de desaparecidos, por libertad a presas y presos políticos como Nestora Salgado, por derechos laborales, salarios y empleos dignos, seguridad social, contra los feminicidios, y en contra de los gobiernos represivos y neoliberales.

Fortalecer la memoria, la verdad y la justicia. Por la unidad de las luchas, desde abajo, en las calles.

La memoria histórica es fundamental para no repetir los mismos errores. Si la desaparición forzada de nuestro camarada José Ramón nos permitió identificar con claridad a sus autores materiales y lograr que fueran llevados a la cárcel, demostrando que fue el propio Estado a través de un grupo de policías creado para perseguir militantes revolucionarios y luchadores sociales, no se logró esclarecer definitivamente su paradero y establecer la verdad histórica que el gobierno se empeña en ocultar. Un dato no menor es que José Ramón fue candidato a la Presidencia Municipal de Cuautla en 1988, por lo que los atentados de índole política tienen antecedentes que no hay que olvidar para analizar la situación actual. El caso de Jehtro Ramsés a su vez mostró que la biopolitica de la desaparición forzada se había extendido a cualquier persona sin que necesariamente llevara a cabo acciones de lucha o de protesta social. Hoy existen 93 casos de desaparición en dos años en Morelos y sobre todo mujeres jóvenes.

El feminicidio de Doña Petra ocurrió igualmente contra una abuela que se transformó en activista en la defensa de los derechos del pueblo luego de la masacre de Aguas Blancas y de la persecución que sufrió su familia campesina a manos del Estado y policías privados hasta arrancarle la vida. Este ejemplo paradigmático forma parte de la larga lista de impunidad en que permanecen la mayoría de los feminicidios en Morelos durante más de 15 años.

La desaparición y asesinato de Gustavo Salgado Delgado hace un año, ha sido la muestra de la violencia contra un activista social que se extiende cada vez más bajo un gobierno perredista que no se distingue de sus antecesores de otros partidos, sin que se esclarezca la verdad ni se logre la justicia que son elementos fundamentales para que esta clase de hechos no se repitan. Si no se esclarece un caso de esa gravedad, se configura un patrón de simulación que está repercutiendo en que tampoco se esclarezcan casos como el de Gisela Mota, donde las graves acusaciones muestra la profunda descomposición de quienes ejercen el poder.

Pésimos antecedentes de una justicia al mejor postor que tienen un sesgado carácter de clase, donde únicamente se detiene a quienes atentan contra la vida de los poderosos económica y políticamente, sin que se haga justicia a la mayoría de víctimas pobres, desamparados, desconocidos, sin nombre y sin rostro, que se llegan a excluir inclusive de las estadísticas oficiales.

En Morelos los gobiernos de distintos partidos, han aplicado las mismas estrategias autoritarias y represivas, encubriendo el objetivo real de la lucha entre diversos grupos por el control monopólico de las ganancias del negocio del narcotráfico. La militarización de la seguridad pública es consecuencia de los afanes de elevar los niveles de ganancia de las industrias criminales. Los circuitos financieros donde se lava el dinero proveniente de toda clase de negocios ilícitos, se aceitan con la sangre del pueblo que padece los estragos de una guerra, oculta primero, y luego abierta. La producción, trasiego y consumo de drogas y toda clase de estupefacientes, crece al amparo de ésta supuesta guerra, donde en lugar de disminuir el narcotráfico se instala en prácticamente todo el cuerpo social. El involucramiento de policías y militares con la delincuencia no es meramente circunstancial. Es producto de los altos intereses económicos en juego. No hay delincuencia organizada sin complicidad y anuencia del Estado. La impunidad es generalizada porque las estructuras de poder están imbricadas con la corrupción y sus efectos corrosivos. El Mando Unico no escapa a ello, sino que lo eleva potencialmente a las altas esferas del poder.

En esta historia son los pueblos pobres los que siguen siendo explotados por el poder del capital. En las cárceles en México crece la población juvenil y de acusados de estar ligados a delitos por trasiego de estupefacientes. El negocio de las drogas no se detiene en remendar las heridas humanas.

La crisis del sistema de dominación, expresada con mayor claridad desde las multitudinarias protestas contra el gobierno de Peña Nieto, a raíz sobre todo, de la tragedia de Iguala con los 43 desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa, ha crecido con ondas expansivas en todo el país. Morelos no es la excepción.

Por eso se requiere fortalecer la denuncia nacional e internacional de éstos crímenes, y exigir justicia en los casos de Doña Petra Benitez Barrios y los cientos de feminicidios, exigir que todas las medidas de la Alerta de Violencia de Género sean aplicadas sin simulaciones para detener y erradicar el feminicidio, por conseguir que se desmilitarice la seguridad pública y los militares regresen a sus cuarteles, que haya esclarecimiento de todos los casos de miles de desaparecidos, desde José Ramón hasta la fecha y que los 43 regresen a casa. Justicia y verdad para las decenas de jóvenes que han sido asesinados, como los 34 casos que se han acumulado en menos de un mes en enero de 2016, en medio del mayor operativo policiaco y militar sin que se detenga esta ola de violencia en Morelos.

Diversos sectores de la sociedad en Morelos salen a las calles a protestar, ejerciendo su derecho a la libertad de expresión. A menos de una semana de cumplirse 6 meses de la Alerta de Violencia de Género se presentará un informe por parte de la Comisión Independiente de Derechos Humanos. A 16 meses de la desaparición de los 43 se llevará a cabo un Encuentro Nacional por la Indignación el 5 y 6 de febrero en el Sindicato de Telefonistas. También la ANUEE Morelos llevará a cabo una marcha el 4 de febrero de las instalaciones del SME a la Profeco a las 9:30 de la mañana para exigir respeto a los acuerdos firmados contra abusos de la CFE. Estas y otras movilizaciones muestran la necesidad de fortalecer las acciones unitarias, sin dejar de lado el debate abierto y el pensamiento crítico, ante quienes quieren imponerse por las amenazas y por la fuerza. Hoy más que nunca es necesario fortalecer la lucha independiente en Morelos y en el país por un cambio de fondo, donde los derechos humanos sean una guía para la acción.

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Movilizaciones en Morelos contra violencia e inseguridad

Al cumplirse 16 meses de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, se llevará a cabo una marcha del Calvario al Zócalo de Cuernavaca a partir de las 4:30 de la tarde, convocada por sindicatos y organizaciones de derechos humanos.

La población en el Estado de Morelos está viviendo en medio de una grave crisis de inseguridad y violencia que pone al desnudo la vinculación entre las instituciones del Estado y la industria criminal que lleva a su extremo la descomposición capitalista en el aspecto fenoménico de la barbarie, con la agudización de la desigualdad social y la privación de derechos humanos de la mayoría, mientras crece el fortalecimiento del aparato represivo del Estado para impedir que las protestas sociales se transformen en luchas anticapitalistas, antineoliberales y por derechos humanos plenos para todas y todos.

Los niveles de violencia criminal e institucional se han mantenido en una espiral creciente. Las causas son estructurales y propias del sistema capitalista en crisis que, sin embargo, tratan de ocultar para utilizar políticamente pero no para resolver realmente. La violencia institucional diseñada para impedir que la protesta social crezca, se extiende como un cáncer que va infestando todo el cuerpo social y termina afectando gravemente la vida y la libertad de la mayoría de la sociedad.

No es mera coincidencia que los niveles de criminalidad hayan crecido a la par de las políticas neoliberales. El Estado se transforma acorde con las necesidades económicas y políticas de los grupos de poder capitalistas hegemónicos o dominantes a escala planetaria. Abandona las políticas de bienestar social y fortalece el aparato represivo policiaco y militar. La militarización de la seguridad pública es consecuencia de los afanes de elevar los niveles de ganancia de las industrias criminales. Los circuitos financieros donde se lava el dinero proveniente de toda clase de negocios ilícitos, se aceitan con la sangre del pueblo que padece los estragos de una guerra, oculta primero, y luego abierta. La producción, trasiego y consumo de drogas y toda clase de estupefacientes, crece al amparo de ésta supuesta guerra, donde en lugar de disminuir el narcotráfico se instala en prácticamente todo el cuerpo social. El involucramiento de policías y militares con la delincuencia no es meramente circunstancial. Es producto de los altos intereses económicos en juego. No hay delincuencia organizada sin complicidad y anuencia del Estado. La impunidad es generalizada porque las estructuras de poder están imbricadas con la corrupción y sus efectos corrosivos.

Actualmente el gobierno perredista de Morelos está embarcado en justificar su estrategia policiaca y militarista de fortalecimiento del Mando Único, sin modificar un ápice las políticas dominantes que criminalizan a los jóvenes y a los consumidores de estupefacientes, lanzando todo el poder de fuego contra supuestos o reales integrantes de bandas de crimen organizado que hoy son identificados de una manera y mañana crecen y se multiplican porque se mantiene la impunidad y el motivo principal de su surgimiento, que es la obtención de la mayor ganancia en el menor tiempo posible, divisa del capital neoliberal y mafioso. Todas estas denominaciones no alcanzan a identificar plenamente la enorme descomposición institucional en aras de mantener el poder en unas cuantas manos.

Vivimos en un estado de guerra donde el pueblo sufre las consecuencias. Es una expresión de la barbarie. Descomposición del tejido social que implica romper las relaciones de solidaridad por el sálvese quien pueda del individualismo egoísta.

La lucha por los derechos humanos forma parte sustancial de la lucha por una sociedad socialista, con justicia social, sin clases que opriman y exploten unas a otras y sin discriminación ni violencia. Derechos y libertades democráticas que han sido producto de las luchas históricas de los pueblos y no concesión gratuita de las clases dominantes. Derechos que son violados sistemáticamente bajo el capitalismo. Derechos que son irrenunciables desde ahora y que son imprescindibles para la vida, la libertad, la dignidad. La lucha por hacer vigentes los derechos humanos forma parte de la lucha de la izquierda socialista en nuestro país. Desde los años 70s la formación de los comités contra la represión, por la libertad de las y los presos políticos, por la presentación de los desaparecidos, ha sido impulsada por familiares como las doñas del Comité Eureka y apoyadas por el PRT y múltiples organizaciones políticas de izquierda, sociales y sindicales. Un amplio movimiento independiente, no gubernamental, de organizaciones de derechos humanos, se fortaleció sobre todo durante los años 80s a la fecha. Una cultura de respeto a los derechos humanos ha permeado en amplias capas sociales que resienten las consecuencias de la ofensiva privatizadora, represiva y neoliberal del capitalismo dominante.

El gobierno de Graco Ramírez en Morelos se asume como el promotor principal de la estrategia de centralización de la policía con un Mando Único, bajo una perspectiva militarista y autoritaria, represiva, que no garantiza seguridad humana y ciudadana. La impunidad generalizada no puede ser eliminada mediante el uso de la fuerza letal, sino con la aplicación de la justicia que éstos gobiernos son incapaces de garantizar por la corrupción generalizada en las instituciones encargadas de procurar y administrar justicia.

Desnudar las violencias y los beneficiarios del sistema es luchar por el respeto pleno a los derechos humanos de todas y todos. Recuperar la capacidad humana de indignarse frente a cualquier dolor que sufren las víctimas a manos de criminales y perpetradores. Exigir justicia y verdad frente al Estado no significa confiar en las instituciones, sino en la capacidad de organización autónoma para conseguirlo.

Por eso es necesario sacar las lecciones de enormes movimientos que han impactado socialmente en nuestro país, para no olvidar que si es el Estado el responsable, por acción u omisión, de éstos crímenes, se requiere una estrategia de lucha unitaria que coloque en el centro una perspectiva de derechos humanos sin concesión alguna a quienes usan y abusan del poder. Nuestro compromiso en esta lucha lo debemos asumir cotidianamente en donde quiera que nos encontremos. Fortalezcamos las movilizaciones nacionales e internacionales por los 43 de Ayotzinapa y por la Alerta de Violencia de Género en todo el país. Esta será una forma de respaldo a la lucha en Morelos por lograr que haya seguridad humana y ciudadana sin militarización ni mando único, con pleno respeto a los derechos humanos.

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Encuentro de Mujeres en Mérida

​*​ Conmemorar el centenario del Primer Congreso de Mujeres Feministas de México exigiendo respeto a los derechos humanos de las mujeres a una vida libre de violencia.

​*Asisten cientos de mujeres de todo el país.​

​*Emma Watson y Malala Yousef, Susan Sarandon participarán en este evento.​

*Juliana G. Quintanilla asiste invitada como coordinadora de la CIDHM.

No hay derechos humanos sin incluir los derechos de las mujeres. Reivindicar las aportaciones históricas de quienes nos precedieron en la lucha es necesario para construir un futuro sin opresión, explotación, discriminación y violencia. Realizar un encuentro internacional para la construcción y promoción de una nueva agenda de género que, en el marco del centenario del Primer Congreso de Mujeres Feministas de México, celebrado en Yucatán en enero de 2016, contribuya a la deliberación y formulación de propuestas en torno a los nuevos desafíos y oportunidades para el pleno desarrollo de las mujeres en el contexto global, regional y nacional de la economía del conocimiento, desde la perspectiva de la creación, la innovación y la competitividad, y como un reconocimiento a la visión y el compromiso de ese esfuerzo pionero a favor de la equidad de género, y como un motivo para subrayar la exigencia de asumir los retos y las oportunidades de cada momento histórico, cuando se realizó el Primer Congreso Feminista de enero de 1916, inaugurándose el 13 de enero de 1916 en el Teatro Peón Contreras de la Ciudad de Mérida, con la asistencia de 650 congresistas de todo Yucatán. Primer Congreso feminista en México y segundo en América Latina. La recomendación de las mujeres asistentes a que se reformara el Código Civil, fue la propuesta más importante del Congreso.

Ante los planteamientos de innovación y competitividad para  mejorar las condiciones y fomentar las capacidades innovadoras de las mujeres en la formación de nuevos proyectos en diversos ámbitos de la actividad económica, así como promover la creación de redes de apoyo y colaboración  y la creación y diversidad, mediante el diseño e implementación de políticas públicas, programas, proyectos y acciones que permitan el mayor despliegue de las vocaciones y los talentos creativos de las mujeres, así como el reconocimiento y respeto a la diversidad cultural, racial, social y sexual de las mujeres en todo el mundo, con especial énfasis en la protección de sus derechos y libertades, tanto individuales como colectivos, hacemos propias las propuestas feministas adoptadas en este mismo espacio:

El feminismo es una apuesta ética y política, que sigue siendo necesaria para la construcción de un mundo más justo e igualitario, se reconoce en la Declaración del Comité Conmemorativo del Primer Congreso Feminista de Yucatán. A cien años refrendamos nuestro compromiso para continuar trabajando de manera colectiva en la lucha por una sociedad justa, sin discriminación y con igualdad de trato, oportunidades y derechos para mujeres y hombres.

Es necesario hacer un reconocimiento a la diversidad de feminismos y a las luchas de las mujeres, además de señalar que el enemigo no está en nosotras y reivindicamos la sororidad. Reconocemos que entre las feministas hay encuentros y desencuentros, pero aun así nos hemos mantenido en la lucha, también recordaron el camino andado que ha abierto puertas para que existan acuerdos y leyes por las cuales hemos avanzado, a pesar de que siguen existiendo vacíos, lagunas y retrocesos. En este caminar no todas las mujeres están, por lo cual las feministas tenemos una deuda con las mujeres indígenas y rurales, campesinas, obreras, trabajadoras sexuales y transexuales.

Es inaceptable que se reduzcan los presupuestos en materia de género, que han tenido los institutos de las mujeres, las universidades, la SEMARNAT, CDI y la Secretaria de Salud, entre otros. Denunciamos la falta de voluntad política para detener, prevenir, sancionar y erradicar los feminicidios, ignorando los protocolos y la implementación sin simulación de las Alertas de Violencia de Género, como lo hemos documentado en Morelos con más de 633 feminicidios. Las mujeres que mueren violentamente en el país son víctimas de quien les priva directamente de la vida y de un sistema omiso, cómplice, que justifica y garantiza impunidad a quienes los cometen. Existe un entramado jurídico-legal que no se utiliza, que no se pone en práctica para garantizar la vida y la libertad de las mujeres. Un Estado que es incapaz de cumplir y hacer cumplir los derechos de las mujeres, termina siendo un Estado feminicida. Las mujeres que son asesinadas físicamente, también reciben una muerte simbólica, moral, política, cuando se les desfigura el rostro, se les elimina el nombre, se ocultan las causas, no se investiga ni mucho menos se sanciona. Carta de impunidad para machistas, misóginos, violentos. Denunciamos a un estado negligente que no garantiza espacios seguros para las mujeres tanto en el ámbito público como en el privado. Denunciamos las reformas estructurales que obedecen a un sistema capitalista neoliberal que fomenta la pobreza, la discriminación, la violencia, la destrucción de los ecosistemas y donde las mujeres somos las más afectadas. Por otra parte, está la prestación de servicios profesionales de calidad que permitan a las mujeres acceso a la justicia, y la inoperancia de las instituciones responsables de procuración de justicia. Exigimos una estrategia nacional y local para la articulación y armonización de las leyes, para que dejen de ser letra muerta y que tanto hombres como mujeres que ocupan puestos públicos, no reproduzcan esquemas machistas y patriarcales en el desempeño de sus funciones. También exigimos la real transversalización de la perspectiva de género en la función pública y a personas competentes conocedoras de estos temas para los cargos de la administración pública, y presupuestos que incluyan la perspectiva de género. El reconocimiento de la problemática de la trata de personas y la generación de  políticas públicas para su prevención y erradicación. Reivindicamos el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y leyes que lo garanticen, así como la necesaria participación de la sociedad civil y de la academia en la construcción de la agenda pública. Es urgente y necesario el rescate y la visibilización de la memoria histórica de las mujeres y de la lucha feminista en la educación pública de Yucatán y en México. Por ello es que se requiere el monitoreo y evaluación de las políticas públicas sobre salud reproductivas vigentes; la utilización de los medios y plataformas digitales como canales y herramientas para difundir y acceder a información sobre salud sexual y reproductiva. Que por cada mujer que se involucre en el ámbito público se involucre un hombre en el ámbito privado; abrir espacios de inclusión para niñas y niños que fomenten nuevos paradigmas de convivencia entre hombres y mujeres y desmitifiquen los estereotipos de género; utilizar el lenguaje incluyente en el ámbito público y ámbito privado, y apropiarnos del derecho al placer desde el marco de los derechos humanos. Estaremos dando puntual seguimiento a cada acción y recurriremos a todas las instancias hasta cumplir con el objetivo superior de la vida y la libertad de las mujeres. Llamamos a reforzar todas las acciones tendientes a lograr una mayor conciencia y participación social en la defensa de los derechos de las mujeres.

Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C.

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El derecho a defender los derechos humanos en riesgo.

 

76 casos de violaciones de derechos humanos (VDH) y agresiones cometidas contra defensores y defensoras de derechos humanos en 20 estados de la república. 

Defender los derechos humanos es una actividad de alto riesgo en México. En la investigación “Defensoras somos Todas” (1), la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos, documentó diversas violencias que se padecen, desde la feminicida hasta la institucional. El año 2015 ha sido un año marcado por la impunidad en los grandes casos emblemáticos de Violaciones Graves a los Derechos Humanos, pero también por la criminalización de los defensores y defensoras de derechos humanos en el país. Ambas situaciones resultan muy graves y son atribuibles al Estado mexicano que ha sido incapaz de resolver casos tan delicados como los mencionados un poco más abajo, pero que también ha participado en cerca de 58% de las violaciones de derechos humanos (VDH) y agresiones cometidas contra defensores y defensoras de derechos humanos, según registró de manera preliminar la Red TDT hasta el 1 de diciembre del 2015. Quienes defienden la tierra y el territorio, los derechos de las mujeres y migrantes o los derechos económicos y sociales, han sufrido toda clase de ataques. Otra vía de vulneración fueron las reformas legales que violentan de manera estructural la capacidad de ejercicio y defensa de derechos, así como la de protestar, como en el caso de la Reforma educativa y más recientemente la nueva Ley de Hidrocarburos (para más detalles de esto último ver (2). Sin duda , las reivindicaciones por hechos ocurridos en el año 2014 como la ejecución extrajudicial de 6 personas y la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, o como los ocurridos en el municipio mexiquense de Tlatlaya, dinamizaron la indignación nacional. Las masacres en Apatzingan y Tanhuato y el multihomicidio en la Narvarte, son algunos ejemplos graves. Estos hechos forman parte de un patrón que hemos detectado, en el cual la mayor parte de las violaciones de Derechos Humanos y Agresiones contra personas defensoras de derechos humanos se dan contra líderes comunitarios que suelen favorecer la defensa de los derechos humanos de sus comunidades. En un registro preliminar, la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los Derechos para Todas y Todos” (Red TDT) identificó del 1 de enero al 1 de diciembre de 2015, 76 casos de violaciones de derechos humanos (VDH) y agresiones cometidas contra defensores y defensoras de derechos humanos en 20 estados de la república. En consistencia con el informe anterior de la Red TDT, los estados con mayor número de VDH y agresiones a defensores y defensoras son Chiapas, Oaxaca, el Distrito Federal, Guerrero y Veracruz. De estas situaciones, alrededor del 85% fueron cometidas hacia personas defensoras de derechos humanos, y el 15% hacia colectivos. Cabe resaltar que la mayor parte de los y las defensoras agredidas pertenecen a procesos colectivos, mismos que se ven directamente afectados por dichas agresiones, lo que incrementa el contexto de riesgo en el que llevan a cabo su labor de defensa. Esto nos indica una estrategia clara para desarticular dichas colectividades a favor de los intereses económicos y políticos afectas por sus luchas. La mayoría de los casos registrados pertenecen al campo de lucha de Tierra y Territorio, seguidos por Violencia e Inseguridad y DESCA (Derechos Económicos Sociales, Culturales y Ambientales) y Políticas Públicas. Esta división nos ayuda a comprender los principales intereses afectados, pero al mismo tiempo es necesario recordar que los derechos humanos son interdependientes e inseparables, y que el contexto nacional de violencia e inseguridad afecta transversalmente a todas las luchas. El principal derecho afectado es el derecho a la integridad personal, el cual es sistemáticamente violado a través de agresiones físicas, amenazas, hostigamiento, intimidación y amenazas de muerte, lo que nos indica que existe un riesgo a la vida de las personas y a la permanencia de los colectivos y procesos de defensa de los derechos humanos. Alrededor del 58% de las VDH y agresiones fueron cometidas por actores estatales, mientras que cerca del 42% por actores no estatales (Grupos empresariales, organizaciones charras, Corporaciones transnacionales y otras) lo que nos muestra la existencia de una cultura de criminalización de los defensores y defensoras de derechos humanos en el país. Frente a esto, el Estado está obligado a generar estrategias integrales para la protección de la labor de defensa de los derechos humanos, al igual que visibilizar su importancia para la construcción de un país democrático.  De ahí la importancia de mantener la movilización social como las Caravanas Nacionales por justicia y verdad para los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, que estará en Morelos el 24 de enero y la marcha del 26 de enero que partirá del Calvario al zócalo a 16 meses de su desaparición.

​Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C.​

 

Notas:

1.-www.frayba.org.mx/archivo/articulos/informedefensoras.

2.-http://redtdt.org.mx/?p=4996

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MANDO UNICO POLICIAL Y MILITARIZACION NO RESUELVEN INSEGURIDAD

Seguridad Ciudadana y no estado policíaco

El combate al crimen en el contexto del Estado neoliberal

José Martínez Cruz, Juliana G. Quintanilla, Paloma Estrada Muñoz y Marco Aurelio palma Apodaca (*Integrantes de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos)

El asesinato de Gisela Mota, Presidenta Municipal de Temixco, Morelos, México, muestra el alto grado de descomposición política y social que provoca una creciente inseguridad y violencia que destruye el tejido social y afecta gravemente la vida, la libertad y la seguridad de las personas en la entidad, ya que forma parte de los cientos de crímenes que se padecen cotidianamente y que se mantienen en la impunidad la inmensa mayoría de los mismos, sobre todo en la zona conurbada de Cuernavaca y los Municipios colindantes, incluido Temixco (uno de los 8 municipios donde se decretó en agosto de 2015 la Alerta de Violencia de Género debido al feminicidio creciente). Los crímenes ocurren en forma cada vez más despiadada sin que se logre detener esta escalada de violencia que viene incrementándose desde hace ya varios años atrás, derivado de las políticas impuestas por gobiernos de distinto signo partidario e iguales resultados, ya que son gestores de la injusticia y desigualdad social y promotores de combatir la violencia con la violencia misma.

En Temixco existe alta violencia feminicida, ahí asesinaron a Gisela Mota. Violencia feminicida que priva de la vida violentamente a una mujer a quien se le trata con odio machista, muestra la grave situación que se vive en Morelos.  Cientos de muertes violentas en la entidad muestran las consecuencias de la descomposición social y política que llega a altos niveles. Siempre estaremos por la justicia y verdad, en cualquier caso de feminicidio. Por eso exigimos una investigación a fondo y castigo a los verdaderos culpables.

No podemos permanecer indiferentes ante el dolor. Ahí mismo en las colonias de Temixco hemos conocido muchos otros casos donde se priva de la vida a mujeres y a jóvenes casi de manera cotidiana en calles obscuras se arrojan los cuerpos, ante la certeza de que habrá impunidad en la inmensa mayoría de los casos, como se ha demostrado en las estadísticas oficiales que dan cuenta de hasta un 95% de impunidad.

Pero la inseguridad no se genera de manera espontánea. Existen causas profundas e inmediatas. Enormes fortunas amasadas por los dueños del poder que construyen sus mansiones sobre el despojo y la explotación de los pueblos. Violencia primera que proviene del abuso de poder, del negocio ilícito que transforman en legal, de un sistema que todo lo pervierte en aras del poder del dinero. Y en ese panorama, los gobiernos en sus distintos niveles, únicamente se desempeñan como las juntas de administración de los verdaderos dueños del capital, abandonando las políticas públicas para garantizar derechos de la sociedad, priorizando el uso desmedido de la fuerza pública, trátese de policía municipal corrupta o de Mando Único que busca recuperar el monopolio de la fuerza en manos de un Estado donde las fronteras entre lo legal y lo ilegal se ha perdido hace mucho tiempo, por lo que el uso recurrente a las fuerzas armadas, incluyendo patrullajes y retenes del Ejército e inclusive la Marina, son presentadas como la salvación desde hace décadas, en una lógica estratégica de Militarización de la Seguridad Pública que no resuelve la inseguridad y sólo dispara las violaciones a los Derechos Humanos y la espiral de violencia criminal-institucional, con enormes pérdidas en vidas humanas.

Por eso, desde la Comisión Independiente de Derechos Humanos demandamos modificar la estrategia de Militarización y Estado Policíaco, es fundamental para garantizar la seguridad ciudadana y combatir la impunidad. Sin embargo, es claro que ésta no vendrá de ninguno de los actuales gobiernos, Municipal ni Estatal o Federal, porque todos responden a la securitización del Estado, que prioriza el aparato represivo en aras de una seguridad que se coloca por encima de cualquier otro derecho, diseñado mundialmente a partir de la criminalización de la protesta y para mantener sometido al pueblo para impedir que defienda sus derechos que están siendo pisoteados  desde arriba.

Una verdadera seguridad humana-ciudadana significaría priorizar los derechos de la mayoría de la población frente a los intereses económicos y políticos de una minoría privilegiada, donde no solo se impongan las decisiones tomadas desde el poder, sino que se consulte y se actúe acorde a las decisiones tomadas por la mayoría a través de mecanismos de democracia participativa.

No es con el fortalecimiento de las instituciones policíacas y militares como se garantizará la tranquilidad de la población, sino con mayor participación ciudadana, no con el miedo de por medio, sino con la consciencia de la acción colectiva y solidaria, fraterna y humana, que nos permitirá no permanecer indiferentes ante el dolor de tanta gente.

Ante esta grave inseguridad y violencia impune en Morelos, exigimos justicia y alto a los asesinatos en todo el estado de Morelos.

Duele tanta muerte diaria. No podemos permanecer indiferentes. El debate sobre la estrategia de seguridad no puede ser obviado, si bien el Mando Único policíaco se aprobó en Morelos. ¿Acaso se puede combatir ilegalidad con ilegalidad? La seguridad no surge de más armas en las calles, sino de prevención y medidas integrales, de combate a la impunidad y a la complicidad. Superar la crisis institucional es fundamental para una verdadera seguridad ciudadana. Cuando se prefiere perder libertades a cambio de seguridad se avanza peligrosamente en el terreno del autoritarismo y la antidemocracia. Si no se identifican las causas del crecimiento de la criminalidad y la violencia, se imponen medidas que terminan incrementándolas. Cuando se pretende ocultar la raíz del problema, termina aflorando con mayor fuerza.  En Morelos nos enfrentamos a un grave problema de inseguridad, de violencia criminal e institucional, de impunidad, de silencios cómplices y omisiones gubernamentales que ocultan el hecho de que son los poderosos grupos económicos  quienes son beneficiarios del poder aunque no lo ejerzan directamente sino por medio de sus representantes en los tres partidos del pacto por México. La clase trabajadora sufre la peor violencia desde hace décadas y los patrones no se inmutan: la violencia económica, social y política, las causas de la violencia criminal hay que buscarlas en la injusticia social y económica que beneficia a los dueños del poder y del dinero. ¿Qué violencia mayor que la que nos priva cotidianamente de una vida digna? Es el sistema capitalista violento y destructor de las mejores relaciones humanas, ya que prioriza la ganancia y la competencia antes que la solidaridad y la igualdad de derechos entre todos los seres humanos. Las y los jóvenes en Morelos no tienen garantía de acceso a una educación y a un empleo que les permita vivir dignamente. Según cifras del INEGI, existen 35 mil desempleados en el Estado, principalmente en edades de 18 a 35 años. Por lo que se ocupa el lugar 24, ya que Morelos tiene una tasa de desempleo del 6.49% que representa un total de 183,235 personas. Jornadas de trabajo tan largas como cien años atrás y salarios de hambre que muestran cómo crece la esclavitud asalariada moderna. Carencia de prestaciones sociales como vacaciones, días de descanso, seguridad social, jubilaciones. En cambio, becas-salario menores a un salario mínimo que no alcanza ni para los transportes. Casi 40 mil solicitaron entrar a la Universidad y solo hubo 7 mil espacios. El resto, a buscar empleos mal pagados. El desempleo galopante. La miseria creciente. La violencia cada día peor. Casi 70% de las victimas carecía de educación más allá de la primaria o secundaria. Jóvenes que no tienen opción y son víctimas del sistema, ya sea que se incorporen a la delincuencia o sean discriminados por su forma de vestir o ahora inclusive de viajar en motocicleta. La fotografía de los homicidios de jóvenes y adolescentes en México muestra que el mayor número de los asesinatos violentos ocurren entre la población de 20 a 24 años, la mitad mueren por arma de fuego, y el número de feminicidios respecto a los hombres es mayor que en otros países de Latinoamérica. México es el País que tiene un mayor índice de feminicidios, del total de los homicidios de jóvenes el 12.3 por ciento corresponden al sexo femenino, por encima del 8.9 por ciento de Argentina, 8.7 por ciento de Guatemala, 7.6 por ciento de Colombia y 6.8 por ciento de Brasil.  Factores de riesgos individuales, familiares, escolares y comunitarios son la falta de proyecto de vida, desempleo, exclusión social y discriminación, violencia institucional del Estado, entre otros problemas estructurales del capitalismo actual. El número de policías crece exponencialmente casi a la par de la inseguridad y la violencia. El uso desmedido de la fuerza es propio de gobiernos autoritarios y antidemocráticos que ven cuestionada su legitimidad ante los pueblos. Lejos de garantizar derechos, el uso sistemático de las fuerzas represivas los va eliminando progresivamente. Un orden social impuesto mediante el uso exclusivo de la fuerza deviene en un régimen contrario a un estado de derechos humanos para la población. Nos envían  mensajes cotidianos de que solo se impone la ley del más fuerte, del que posee los medios de producción, del que aumenta estratosféricamente sus ganancias mientras se anuncian nuevos efectos apocalípticos por una crisis capitalista que sólo termina afectando a la mayoría de la población. Aumentan las muertes violentas de jóvenes y crece el feminicidio. El clima de temor se generaliza, no solo ante la violencia delincuencial, sino ante la presencia de quien usa las armas para imponer su autoridad por encima de cualquier derecho. Las medidas de fuerza se imponen ante la ausencia de políticas integrales de respeto a los derechos humanos, porque hay simulación, complicidad, intolerancia y una impunidad a todas luces. Es claro que los tres niveles de gobierno son responsables de esta grave situación. Las armas de las policías se usan más contra el pueblo que contra los delincuentes. El poder económico de la delincuencia sigue intacto porque así conviene al capital. Las políticas autoritarias y represivas que toman los gobiernos de Peña Nieto, Graco Ramírez y Morales Barud o actualmente Cuauhtemoc Blanco, es la misma política con actores distintos y una sola lógica represiva, violatoria de los derechos humanos. Salir a las calles a exigir seguridad es un derecho que nadie debe coartar. Llamamos al pueblo a levantar las banderas de la lucha por las libertades ciudadanas y los derechos a una vida libre de violencia para todas y todos mediante la participación organizada y consciente, organizándonos de manera autónoma e independiente. La ciudadanía requiere de una verdadera seguridad ciudadana, sin militarización de la seguridad pública.

 

En Morelos la estrategia policiaca militar centrada en el Mando Único Policial además de que trastoca al Municipio Libre, es regresiva, pragmática y reactiva; responde a la lógica de la Economía del Mercado más que de un Estado garante de las libertades y del desarrollo económico, social y comunitario. No va al fondo de la inseguridad, conflicto que se agudizó en el mundo a raíz de la instauración del modelo neoliberal en la década de los 80’, terminando así con el “Estado Garante o Estado Benefactor”, instaurado en 1948 con la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por todos los países miembros de la ONU, México incluido.  Este cambio conlleva el retiro gradual del Estado de sus responsabilidades para satisfacer los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (principios plasmados en la Constitución y en los tratados internacionales), dejando éstos a merced de un mercado lucrativo, sobre todo en las naciones pobres como la nuestra. Las reservas del Banco de México, por consigna del Banco Mundial, se encuentran en garantía para asegurar la estabilidad cambiaria, en lugar de invertirlas para estimular el progreso social. Mientras, derechos sociales como la educación, la salud, la vivienda, la recreación y cultura, la seguridad social y los servicios públicos (transporte, obra pública, basura, energía eléctrica, seguridad pública, etc.), sufren un gradual proceso de privatización, por tanto de retroceso, en tanto que avanza la pauperización de los trabajadores y de sus familiares, sobre cuyas espaldas recae el costo de la crisis.

Respecto al Derecho a la Educación, México se encuentra en el último lugar en el nivel educativo, en el último lugar en gasto por alumno y en último lugar en inversión en ciencia y tecnología entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE. Este nivel repercute en la mala calidad de la enseñanza, en la falta de oportunidades para que los jóvenes accedan a estudios superiores y en el atraso tecnológico del país. Los niños y jóvenes desertan de la educación básica insertándose en la economía informal, en los puestos de trabajo de más baja calidad y/o en las pandillas. Los egresados de las universidades y de estudios técnicos medios son utilizados como mano de obra barata. Todo ello, de acuerdo a las necesidades del aparato productivo (maquiladoras, comercio y servicios privados), inversiones nacionales y extranjeras alentadas por los gobiernos que no requieren de mano de obra calificada.

Esta situación ha sido aprovechada no sólo por los inversionistas, sino también por la delincuencia organizada al encontrar en las comunidades en descomposición, en las colonias y barrios pobres, en la violencia familiar, en los jóvenes sin oportunidades de estudio y de trabajo seguro con ingreso digno. Ante este panorama, el narco ha penetrado las comunidades rurales y urbanas porque ofrece trabajo e ingreso, por supuesto ilegales, que el Estado es incapaz de generar. A pesar de los decomisos históricos de droga y del abatimiento y aseguramiento de grandes capos, las cifras de crímenes violentos y desaparecidos crecen escandalosamente. Por otra parte, hay que entender que la producción y tráfico de los narcóticos responde a las leyes del mercado, a la oferta y la demanda, tanto en los Estados Unidos como en México y otros países. De ahí que los gobiernos hablen ahora de “administrar” los asuntos de la droga (al igual que la inmigración indocumentada), cuya producción, consumo y tráfico, por ahora, son imposibles de frenar. Por ello, el Estado no puede acabar con una delincuencia organizada que actúa haciéndose de una base social, que rompe la unidad e identidad comunitaria y familiar, que promueve la cultura de la violencia, corrompe a las policías y a otras autoridades, abona a la pérdida de los valores y principios democráticos y trastoca la identidad cultural. Pero la delincuencia organizada no actúa sola, ha penetrado también la estructura del poder político, económico y financiero, promoviendo la complicidad y la simulación, que por supuesto no se combaten con militares y con iniciativas como el Mando Único Policial, medidas que aparecen como un distractor de gobiernos necesitados de legitimación. La centralización no es un antídoto contra la corrupción policial, que no es la más letal y lucrativa aunque sí la más visible. La centralización operativa y administrativa del mando policial puede provocar a su vez la centralización de la corrupción. El pasar de un régimen policiaco municipal a uno estatal no cambia esencialmente las cosas, porque la corrupción y la impunidad son un cáncer en el sistema político mexicano, siendo más graves en los altos niveles de gobierno y en los grandes negocios, incluso los del tipo “concesiones”, “licitaciones” y “subrogaciones”.

Por otra parte, los gobiernos no promueven ni construyen ciudadanía democrática y participativa, que tiene su base en el ámbito comunitario-municipal. Las garantías y la dignidad de las personas se someten al interés central del Estado, en este caso, al combate a la delincuencia organizada y el narcotráfico. Entonces, estamos hablando de que las razones del Estado se imponen a las razones del Derecho. El Mando Único aborda la reestructuración policíaca desde la perspectiva del combate a la delincuencia organizada, no de la Seguridad Pública como un Derecho Humano, o mejor aún, de la Seguridad Ciudadana. Al contrario, evade el tema de los Derechos Humanos, incluidos los derechos de los policías. En lugar de ello, debería promover la democratización de las policías, proceso que necesariamente tendrá que pasar por la desmilitarización de la Seguridad Pública; comenzar por el Servicio Civil de Carrera en las policías preventivas e investigadoras, para que las plazas de base, mandos y jefes policiales, sean sometidas a Concurso en base a Convocatoria Pública, calificando y certificando por un órgano autónomo y ciudadano, de alta valía moral, la trayectoria, experiencia, formación, honorabilidad y respeto a los derechos humanos mostrados por los postulantes durante su carrera policial.  Existen comités ciudadanos y rondas comunitarias, procesos de autoorganización en pueblos y colonias que pueden ser fundamentales para una verdadera seguridad ciudadana. En cambio, prevalecen estructuras poco efectivas como los “Consejos Ciudadanos de Seguridad Pública”, municipales y estatales, con un perfil empresarial, que muchas veces son utilizados para legitimar las acciones del gobierno en turno. En realidad el objetivo es hacerse de más poder mediante una fuerza policial única bajo su mando, que amplíe su control económico, político, social y hasta electoral, aunque para ello haya que reformar otra vez la Carta Magna.  Estos postulados son una invitación a politizar la seguridad pública, no sólo de los gobernadores sometiendo a la autoridad municipal, sino también del presidente sometiendo a los gobernadores, y todo ello aprobado por el Congreso de la Unión.

El Estado mexicano aplica la teoría del Derecho Penal del Enemigo para identificar a los enemigos de la nación. En esta visión, es obvio que la delincuencia organizada ocupa el primer lugar. Y tal parece que quienes siguen en esta clasificación son los policías, colocando en una visión maniquea a las corporaciones municipales como eje de la corrupción.  Por lo general, los policías son mal seleccionados, mal capacitados, mal supervisados y mal pagados. Sucumben a la corrupción por los bajos salarios que perciben, pero también por el bajo nivel educativo y cultural que tienen, por la falta de valores y principios democráticos y de solidaridad, por las injusticias que los mandos cometen contra ellos, por las violaciones a sus derechos y porque son sometidos a múltiples presiones diarias (de los mandos, las autoridades judiciales, las Sindicaturas municipales, las comunidades, los medios de comunicación y la opinión pública).  El estar en contacto cotidiano con el conflicto social (adictos, pandillerismo, robos, crímenes, violencia familiar, accidentes, hechos de sangre, etc.) debilita las defensas psicológicas de los policías y sus mecanismos de autocontrol, de resistencia a la frustración y a la agresión y su sensibilidad social. La mayoría de los jefes policiacos omiten atender esta problemática. Difícilmente un mando militar lo entendería y resolvería porque su perfil y formación profesional van en otra dirección. Esto hace que se rompa la confianza, la credibilidad y el respeto mutuo entre el policía, sus directivos, sus mandos, la sociedad, las comunidades y el gobierno. ¿En estas condiciones quieren pasarlos al ámbito estatal y bajo un mando militar, sin resolver antes estos graves rezagos? ¿Desnaturalizar su función y desarraigarlos de sus comunidades, más de lo que ya está? Si todo esto se superara y se apoyara a los municipios más pobres, entonces ¿para qué enviar a las policías municipales al fuero estatal?  De hecho, el gobierno federal mexicano intenta seguir el modelo colombiano de policía única. La cadena de mando de la Policía Nacional de Colombia parte del Presidente de la República, enseguida el Ministerio de Defensa Nacional, luego la Dirección General de Policía Nacional, los gobernadores y al final los alcaldes. Sin embargo, la realidad política, social, económica, cultural e incluso criminal de Colombia, es muy diferente a la de México como para seguir ese modelo. Todo ello a pesar de la intervención norteamericana mediante el Plan Colombia, apoyado en la “Iniciativa Andina Contra las Drogas” y el “Financiamiento para Fuerzas Militares Extranjeras” del Departamento de la Defensa, que desde 1999 ha suministrado a Colombia pertrechos militares, inteligencia militar, alta tecnología, contratistas militares y tropas (el Congreso ha fijado un tope de hasta 1,400) mediante siete bases militares; todo ello con recursos de los contribuyentes norteamericanos. En estricto sentido, dada la composición pluriétnicay pluricultural de la nación mexicana y de sus regiones, no deberían existir policías estatales ni policía federal. La prevención de los delitos, no así los asuntos de Seguridad Nacional y Seguridad Interior, debe seguir siendo una función exclusiva de la autoridad municipal, con policías de proximidad, comunitaria, no reactivas, como hoy. Por otra parte, las policías estatales y federales incurren más que las municipales en violaciones a los derechos humanos. En los hechos actúan con una especia de “fuero” especial que les da mayor estatus, como si fuera una “carta de impunidad”, y no faltan los jefes policíacos municipales que se quejen de la soberbia y prepotencia de aquellos, así como de las fuerzas armadas que actúan por cuenta propia. Cuando agentes estatales o federales violan derechos de ciudadanos o presuntos delincuentes, se ha observado una tendencia de sus superiores a protegerlos de las denuncias que se presentan en su contra, lo que fomenta la impunidad. Incluso, el Ministerio Público se abstiene de tomar de oficio la queja, a pesar de que el acto ilegal haya sido profusamente difundido en los medios.  A nivel municipal, son las Sindicaturas las que vigilan y sancionan la actuación de los policías municipales. Sindicatura Municipal es una institución del Estado cuyo titular es electo mediante el sufragio popular. En cambio, las policías estatales y federal son reguladas por las áreas de Honor y Justicia y de Asuntos Internos de sus corporaciones o dependencias, que actúan bajo la más absoluta discrecionalidad, omisiones que corren el riesgo de reproducirse bajo el modelo de Mando Único que propone el ejecutivo federal.

Seguridad Pública o Derechos Humanos

El gobierno coloca a la población en la falsa disyuntiva de escoger entre Seguridad Pública o Derechos Humanos, ahondando en el desconocimiento y la confusión popular sobre la labor de los defensores.  Esta tendencia explota los sentimientos de la población, alentando las iniciativas orientadas a promover el endurecimiento de las penas, la cadena perpetua, la pena de muerte y, ahora, elMando Único Policial, medidas que encuentran eco entre una población desinformada, temerosa y ávida de venganza antes que de justicia. La falta de una Cultura de los Derechos Humanos y el incremento de la violencia criminal, permiten la impunidad en las violaciones a los derechos y libertades de los presuntos delincuentes, creándose la percepción popular de que todo es válido, incluso los abusos de autoridad, para hacer cumplir la ley.  “Los buenos”, que por supuesto son las autoridades y las fuerzas armadas, y “los malos”, que son los criminales, los narcos y los policías corruptos (todos los policías, en el imaginario popular), merecen un castigo ejemplar, generalizándose la criminalización hacia los jóvenes, los migrantes, los adictos y los pobres.  Es ahí donde toma vigencia el gastado discurso de que “derechos humanos defiende delincuentes”, que permea entre muchos sectores de la sociedad, ahondando los sentimientos de venganza y de odio antes que los valores y sentimientos de solidaridad, de justicia y de paz. En el fondo lo que se busca es legitimar el exceso y el abuso de la fuerza para incrementar las estadísticas de detenidos, incluso exhibiéndolos cuando a veces ni siquiera se ha iniciado la integración de la averiguación previa, lo que es una flagrante violación al derecho a la presunción de inocencia que ampara el orden jurídico mexicano, y un abuso de la medida cautelar como medida excepcional, cuando la libertad es la regla general.[1]

Así, el Estado evade su responsabilidad de detener, procesar y juzgar a las personas por lo que hicieron, no por lo que son o se presume que sean. Cuando un delincuente, narcotraficante, criminal o simple infractor cae bajo la responsabilidad de los agentes del Estado, éstos se deben “humanizar”, tomar conciencia de que es un ser humano quien está bajo su custodia. Ello es el fundamento de los derechos al Debido Proceso y a la Presunción de la Inocencia, principios que contradictoriamente se promueven por el Estado bajo los fundamentos de la Cultura de la Legalidad.  Hay gobernantes que imponen sus políticas punitivas y de fuerza, una gradual y peligrosa militarización de la vida civil y avanzan en la suspensión de las garantías con apoyo popular, basados en la desinformación de los ciudadanos y en el manejo de una política mediática de miedo como mecanismo de control social.  En un país que se precie de ser democrático, los organismos públicos y privados de Derechos Humanos aparecen como mecanismos de rendición de cuentas y de equilibrios del poder, y que pueden ser un auxiliar efectivo para los gobernantes.

La Seguridad Ciudadana como alternativa

 

El Mando Único Policial plantea un reforzamiento de la capacidad represora del Estado bajo el principio de que “la violencia es monopolio del Estado”. Pero olvida que la Seguridad Pública es un Derecho Humano con todas las implicaciones que esto conlleva.  La actual estrategia gubernamental es una “reingeniería” de las acciones dirigidas al combate a la delincuencia organizada, basada en la capacidad de coordinación, de disciplina y de depuración de las policías preventivas e investigadoras, sometidas a tácticas militares propias para enfrentar las amenazas a la Seguridad Nacional y la Seguridad Interior, diseñadas con ayuda del Pentágono. No va al fondo y estructura de la inseguridad y la violencia criminal, como es la corrupción, la impunidad oficial y la inequidad en la distribución de la riqueza, que arroja a millones a la pobreza, forzándolos a la economía informal, a la migración y a la delincuencia como recursos extremos de sobrevivencia ante la crisis, con todos los riesgos que esto conlleva. Por el contrario y tomando como base la experiencia de la Policía Federal y las fuerzas armadas, el modelo de Mando Único Policial pudiera desarraigar a los policías de sus comunidades, por tanto de su origen, y enviarlos a plazas y lugares con lo que no se identifiquen, se involucren ni se comprometan, como sucede hoy con los estatales, federales y militares metidos en tareas de prevención e investigación de los delitos, que van de una región a otra sin identidad comunitaria. Si a esto le agregamos que las policías preventivas de seguridad pública no tienen claro el concepto de “PREVENCIÓN”, porque en los institutos y academias de policías no les enseñan que el mantenimiento del orden público y la paz social, la protección de la integridad, la vida, el patrimonio y las libertades, y la prevención de los delitos y las faltas administrativas, se logran con vigilancia, patrullaje, rondines, recorridos, presencia y diálogo, y no estigmatizando a las personas, deteniéndolas por “actitud sospechosa”, “por no traer identificación”, por tener antecedentes, etc. Al detener o asegurar a una persona de manera prejuiciosa por su aspecto, porque “qué tal si va a robar” o por presiones de los propios vecinos, sin que hubiere flagrancia de delito o de falta administrativa, sin existir orden judicial de por medio o “urgencia administrativa” expedida por Agente del Ministerio Público, se incurre en un acto de discriminación, de molestia y de violación a la libertad de tránsito sancionados por los Artículos 1º., 11 y 16 Constitucionales, respectivamente, constituyendo así una DETENCIÓN ARBITRARIA, que es una modalidad de violación a los derechos humanos. Esta práctica es tolerada y en ocasiones promovida por los propios mandos policiales, por interés recaudatorio de la autoridad municipal o para incrementar artificialmente las estadísticas de detención, simulando así efectividad en el combate a la inseguridad y la delincuencia. De no obedecer las órdenes ilegales de sus jefes, los policías son sujetos de sanciones irregulares por los jefes policíacos. De esta manera se les coloca en contra de las comunidades a las que pertenecen y juran proteger. La detención arbitraria es una violación recurrente, sistemática y generalizada, practicada por todas las policías del país. Es por ello que las Naciones Unidas y el Sistema Interamericano de Protección promueven, desde finales de los 90, el modelo de la Seguridad Ciudadana con una dimensión de Seguridad Humana, por lo tanto de Desarrollo Humano. Por ello, en materia de Seguridad Pública, se exige a los Estados respetar los estándares internacionales de Derechos Humanos, evitando toda política autoritaria.  La Seguridad Ciudadana propone que la Seguridad Pública no sea sólo responsabilidad de las policías, sino de toda la administración pública en su conjunto. Por lo tanto, las tareas de los policías municipales van más allá de la pura labor punitiva y preventiva del delito (defensa del patrimonio, la integridad, la vida y las garantías y libertades de las personas y la manutención del orden público y la paz social).  Ahora, incluye también el apoyo a las comunidades mediante la gestión, para que la estructura institucional de los tres ordenes de gobierno satisfaga las necesidades de obra pública, los servicios comunitarios y otros derechos como la educación, la salud, la vivienda, la protección social, etc. “La perspectiva de los derechos humanos permite abordar la problemática de la criminalidad  y la violencia, así como su impacto en la seguridad ciudadana, mediante el fortalecimiento de la participación democrática y la implementación de políticas centradas en la protección de la persona humana.”[2]

 

Un elemento que resulta indispensable plantear es la relación entre políticas de seguridad y políticas sociales dentro de la concepción más amplia de la política criminal, pues un riesgo latente es considerar que la criminalidad tiene su base únicamente en el comportamiento individual y que no está relacionada con causas sociales, eximiendo la obligación del Estado de procurar una condición de vida más digna a los sectores marginados en una sociedad profundamente desigual, donde tengan plena vigencia los derechos económicos y sociales.[3] Bajo este paradigma, el modelo de policía comunitaria plantea la necesidad de rediseñar los esquemas de reclutamiento, selección y formación policial en los Institutos y Academias de policía, tanto de los cadetes como de los elementos en activo, equilibrando el acondicionamiento físico y la disciplina con los procesos de enseñanza-aprendizaje sobre el empleo de la fuerza y las armas de fuego, las tácticas y estrategias de operatividad, la capacitación legal, etc., con la formación humana integral. El modelo de Mando Único policial está muy alejado de esta concepción holística, humanista y progresista. Es necesario vincular seguridad ciudadana y derechos humanos mediante una política integral que atienda las causas estructurales de la desigualdad, la injusticia y la violencia, con evitar toda clase de abusos por parte de las autoridades.

Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C.

 

Nota: Un estudio de Raúl Ramírez Baena, presidente de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste A.C., con sede en Baja California Norte, sobre el Mando Único Policiaco, realizado en octubre de 2010, aporta las ideas fundamentales de la critica a esta iniciativa presentada por Calderón. Agradecemos sus aportes para este documento.

[1] El 28 de octubre de 2009, la Primera Sala de la SCJN aprobó la Tesis Aislada CLXXXVIII/09 según la cual “es un acto de molestia… la toma de fotografías a quienes no tienen la calidad de detenidos o presuntos responsables”, en virtud de que “menoscaba o restringe derechos de la persona, al hacer uso de su imagen, aunado a que la obtención de fotografías puede resultar violatorias a los derechos a la honra y a la dignidad contenidos en artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticosy 11 de la Convención Americana sobre los Derechos Humanos, si el Estado incumple con sus obligaciones relativas con la protección de datos personales”. “… mientras el resultado del acto (fotografías) no se elimine, el acto de molestia continúa”.

El 14 de enero de este año, la CNDH determinó que: “La presentación de personas ante medios de comunicación, a quienes se les imputan delitos y más tarde no son comprobados, son flagrantes violaciones a las garantías individuales que vulneran el derecho a la presunción de inocencia”.

[2] “Informe sobre Seguridad Ciudadana y Derechos Humanos”, Comisión Interamericana de Derechos Humanos CIDH/OEA, Washington, 10 de mayo de 2010.

[3] Pérez Escobedo, Leticia, “La seguridad desde los derechos humanos”, Seguridad Ciudadana y Derechos Humanos, Instituto de Derechos Humanos y Democracia, AC, México, enero de 2010.

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